La licenciada Jorgelina Edreira, especialista en psicología e inteligencia emocional, encendió las alarmas sobre una problemática que ya se considera de salud pública: la dependencia de los menores hacia los dispositivos digitales. Según la experta, el cerebro infantil no nace terminado, sino que se desarrolla a través del juego, el movimiento y, fundamentalmente, la conversación cara a cara, elementos que la pantalla está reemplazando peligrosamente.
El daño de la “comunicación sin gestos”
Edreira explicó que uno de los mayores problemas actuales es el incremento de los trastornos del lenguaje. “El lenguaje no es solo escuchar palabras, sino mirar gestos y tonos. La pantalla no puede reemplazar eso; al contrario, perjudica porque reduce la exposición a necesidades indispensables para el desarrollo del sistema nervioso”, afirmó.
La especialista señaló que cuando un niño pasa horas frente a un dispositivo, el daño no es solo por el contenido, sino por lo que se deja de hacer: “Se mueven menos, conversan menos y juegan menos. No hay manera de que esto no afecte los procesos fundamentales del desarrollo”.
Guía de tiempos y límites por edad
Ante la consulta sobre cómo gestionar el uso de tecnología en el hogar, la psicóloga compartió las recomendaciones de las asociaciones de pediatría internacionales:
- Hasta los 2 años: Cero pantallas. Nada de exposición.
- De 2 a 5 años: Máximo una hora diaria, siempre con supervisión de un adulto para mediar el contenido.
- De 7 a 12 años: No más de dos horas diarias y postergar la entrega del primer smartphone lo máximo posible.
- Adolescentes: Especial atención a las redes sociales por el riesgo de ansiedad, depresión y la búsqueda constante de aprobación externa.
“Momentos sagrados” libres de tecnología
La licenciada fue enfática en establecer reglas de convivencia que protejan la salud mental: “Jamás en las comidas”. Explicó que el acto de alimentarse debe ser consciente y un espacio de diálogo. Asimismo, prohibió el uso de dispositivos antes de dormir debido a que la “luz azul” altera los mecanismos del sueño, enviando señales erróneas al cerebro de que aún es de día.
El valor de aburrirse
Finalmente, Edreira rescató un concepto olvidado: la importancia del aburrimiento. “El aburrimiento es la base de la creatividad. Si cada momento de vacío se llena con una pantalla, el niño no desarrolla recursos internos para imaginar o solucionar problemas”, advirtió.
La profesional, que dicta talleres de inteligencia emocional para todas las edades, concluyó con una serie de preguntas incómodas para que los padres reflexionen: “¿Uso la pantalla para que mi hijo no moleste? ¿La uso para evitar conflictos?”. La respuesta a estos interrogantes podría ser el primer paso para revertir una tendencia que hoy afecta la maduración neurológica de las nuevas generaciones.
