El jueves se conoce el índice de abril y ya tenemos un anticipo con el dato de la Ciudad de Buenos Aires, que dio 2,5%. ¿Por qué les traigo este número? Porque, aunque la realidad económica del AMBA no es la misma que la de ustedes en Santa Fe, sirve para marcar el ritmo.
Este mes, el “gran hit” de los aumentos fue el transporte. Sin embargo, tenemos una buena noticia que compensa: la carne prácticamente no subió y los combustibles no impactaron porque el Gobierno decidió, acertadamente en términos de índice, no aplicar el impuesto a la transferencia y frenar las subas de YPF tras el sacudón de marzo. Además, el rubro Educación, que fue el que más voló en marzo, ya dejó de operar estacionalmente hacia arriba.
Con todo esto, el número nacional va a andar por ahí: 2,5%, tal vez un 2,4% o un 2,6%. Sería una sorpresa que no sea así.
El “peligro” de las comparaciones
El Gobierno se va a apurar a festejar. Van a decir: “Vieron, bajamos de 3,4% a 2,5%”. Pero ojo, porque ahora viene mayo. En mayo vamos a tener un índice que también empezará con un “2”, pero el problema es contra qué lo comparamos.
El mayo del año pasado, la inflación fue del 1,5%. Si este mayo nos da 2,5%, el Gobierno va a tener que explicar por qué estamos un punto por arriba del 2025. Aquella vez se aventuraba un “cero” por delante que nunca llegó por la crisis y el rescate financiero de Scott Bessent. Pero para la foto política, la comparación va a ser “pobre”.
Para la anécdota: cuando el jueves se conozca el dato oficial, habremos superado el 11% o 12% acumulado en el año. ¿Qué significa esto? Que en apenas cuatro meses nos “fumamos” toda la inflación que estaba estipulada en el Presupuesto para todo el 2026.
¿Por qué no se puede domar a la fiera?
Muchos se preguntan por qué, si se cortó la emisión, los precios no frenan en seco. La inflación es un fenómeno monetario, sí, pero en Argentina tiene un componente estructural y cultural feroz.
Tenemos 30 años de gimnasia inflacionaria. Es algo “muy argento”: ante la duda, subo. Las grandes empresas no calculan costos; si sube el combustible, suben el doble “por las dudas”. Si el dólar se mueve un 5%, remarcan un 10%. Es un mecanismo de defensa psicológico que está metido en el ADN del que produce alimentos.
Y después está el tema de los subsidios. El ajuste fue feroz, pero recién estamos al 60% de lo que deberían valer las tarifas. En Buenos Aires se anunció un aumento del 90% en los trenes, pero aun así el Estado sigue pagando el 70% del boleto.
Desarmar esa ficción de décadas, donde las piletas climatizadas de los barrios cerrados del AMBA se pagaban con subsidios de todo el país —incluidos ustedes en Santa Fe—, es doloroso e inflacionario. El error del Gobierno fue creer que la inflación se pulverizaba solo con no emitir. La realidad nos muestra que es multicausal y que la “psicología de góndola” todavía nos juega muy en contra.
