Cuando se habla de novela de no ficción, hay un nombre que aparece casi automáticamente: Truman Capote.
Su libro A sangre fría, publicado en 1966, es considerado una obra fundamental para el desarrollo de la llamada non-fiction novel y suele aparecer asociado al nacimiento de una nueva manera de contar hechos reales con herramientas propias de la literatura.
Pero hay un problema con esa historia.
En Argentina, Rodolfo Walsh ya había hecho algo extraordinariamente parecido, pero nueve años antes.
En 1957, Walsh publicó Operación Masacre, una investigación sobre los fusilamientos clandestinos de José León Suárez ocurridos durante la llamada Revolución Libertadora. La obra combinó investigación periodística, testimonios, documentos y una construcción narrativa que convirtió un hecho real en una pieza literaria imposible de encasillar en un solo género.
Y Walsh no lo hizo para crear una nueva corriente literaria.
Lo hizo porque había un hombre que, oficialmente, debía estar muerto y estaba vivo.
“Hay un fusilado que vive”
La historia comenzó con una frase que se convertiría en uno de los comienzos más célebres del periodismo argentino:
“Hay un fusilado que vive”.
A partir de esa información, Walsh comenzó una investigación que lo llevó a buscar sobrevivientes, reconstruir los acontecimientos y reunir pruebas sobre los fusilamientos de un grupo de civiles detenidos en junio de 1956.
El resultado fue Operación Masacre.
La investigación apareció primero en forma de artículos periodísticos y luego fue publicada como libro a finales de 1957. La Biblioteca Nacional documenta que Walsh publicó una serie de nueve notas en la revista Mayoría entre mayo y julio de aquel año, antes de que la investigación tomara forma definitiva de libro.
Walsh había encontrado una forma de narrar la realidad que todavía hoy resulta moderna.
Periodismo y literatura, antes de que tuviera nombre
Operación Masacre es difícil de clasificar.
Tiene investigación periodística, testimonios, documentos, reconstrucción de escenas, personajes reales y una estructura narrativa que genera tensión como si se tratara de una novela policial.
Pero los hechos no fueron inventados.
Habían ocurrido.
Ese cruce entre literatura y periodismo es justamente una de las características centrales que posteriormente serían asociadas a la novela de no ficción.
La Biblioteca Nacional sostiene que Walsh se adelantó con Operación Masacre a las técnicas del Nuevo Periodismo y a la novela de no ficción, mientras que distintos estudios académicos destacan que la obra apareció nueve años antes que A sangre fría.
Por eso, la discusión no es menor.
Cuando el mundo habla de los orígenes de la no ficción, Walsh debería aparecer mucho más cerca del centro de esa conversación.
Capote llegó después
En 1966, Truman Capote publicó A sangre fría, la reconstrucción del asesinato de una familia en Kansas.
El libro se convirtió en un fenómeno internacional y Capote pasó a ser uno de los principales referentes de una nueva forma de escritura basada en hechos reales.
Su importancia es indiscutible.
Pero la cronología también lo es:
1957 — Rodolfo Walsh publica Operación Masacre.
1966 — Truman Capote publica A sangre fría.
Hay nueve años de diferencia.
Eso no significa que ambos libros sean idénticos ni que Capote simplemente haya copiado una fórmula inventada por Walsh. De hecho, especialistas señalan diferencias importantes entre las dos obras. Operación Masacre tiene una dimensión política y de denuncia mucho más marcada, mientras que Capote construye su relato alrededor de la investigación de un crimen.
Pero sí significa algo fundamental:
Capote no llegó a un territorio vacío.
Walsh no quería hacer una novela
Y quizás ahí esté la diferencia más interesante.
Walsh no parece haber estado preocupado por fundar un género.
Su objetivo era mucho más urgente: demostrar qué había sucedido.
La propia Biblioteca Nacional señala que Walsh tomó recursos formales y estilísticos de la literatura, pero evitó ficcionalizar los hechos porque hacerlo podía comprometer la verdad y la eficacia de la denuncia.
Por eso, algunos especialistas prefieren no definir Operación Masacre simplemente como una “novela de no ficción”.
La consideran un híbrido entre periodismo, literatura, investigación, testimonio y denuncia política.
Y quizá esa definición sea todavía más interesante.
Porque Walsh no necesitó inventar una categoría para hacer algo revolucionario.
Simplemente necesitó escribirlo.
La diferencia entre contar y denunciar
Hay además una diferencia profunda entre Operación Masacre y muchas de las obras que posteriormente serían identificadas con el Nuevo Periodismo.
Walsh no observaba la realidad desde afuera.
La investigación tenía consecuencias políticas.
Su libro cuestionaba directamente la versión oficial de los hechos y exponía la responsabilidad del poder estatal en los fusilamientos.
No era solamente una historia atrapante.
Era una acusación.
El escritor había descubierto que el periodismo podía hacer algo más que informar sobre la realidad: podía investigarla, reconstruirla y enfrentarse al poder cuando la versión oficial era falsa.
Esa concepción terminaría atravesando toda su obra.
Después llegarían Caso Satanowsky y ¿Quién mató a Rosendo?, otros dos trabajos fundamentales de investigación y denuncia. La Biblioteca Nacional los incluye dentro de la misma línea de no ficción y periodismo investigativo que comenzó con Operación Masacre.
Entonces, ¿quién inventó la novela de no ficción?
La respuesta más rigurosa es: no existe un único inventor indiscutible.
La literatura ya había utilizado hechos reales, testimonios y recursos narrativos mucho antes de Walsh y Capote. Incluso existen tradiciones latinoamericanas anteriores que permiten discutir dónde comienza realmente el género.
Pero si la pregunta es quién publicó primero, entre Rodolfo Walsh y Truman Capote, la respuesta es clara:
Rodolfo Walsh.
Operación Masacre apareció en 1957.
A sangre fría llegó en 1966.
Y la propia Biblioteca Nacional Argentina reconoce que Walsh se adelantó a las técnicas que posteriormente serían asociadas al Nuevo Periodismo y a la novela de no ficción.
El problema de quién escribe la historia
Quizás lo más llamativo no sea que Capote sea famoso.
Lo es por buenas razones.
Lo llamativo es que Walsh no tenga el mismo reconocimiento internacional cuando su obra se adelantó a una de las grandes transformaciones de la narrativa periodística del siglo XX.
Capote convirtió la no ficción en un acontecimiento literario mundial.
Walsh hizo algo diferente y, en cierto sentido, todavía más incómodo:
utilizó la literatura para demostrar que el poder estaba mintiendo.
