Vanesa García volvió a competir en aguas abiertas después de casi dos años y lo hizo de la mejor manera: con un tercer puesto internacional en los 25 kilómetros del Maratón de Ohrid, en Macedonia. La santafesina, de extensa trayectoria y más de 80 maratones internacionales disputados, reconoció que el resultado fue una sorpresa después de un largo período alejada de las grandes competencias.
“Creo que conté un poco en Instagram hace como dos años que no competía, porque había tenido una lesión y luego por temas personales, terminando mis estudios y demás”, explicó García en diálogo con Amanecer no es poco, por LT9.
La nadadora había decidido tomarse un descanso de los ultramaratones y concentrarse también en otros aspectos de su vida. Actualmente se encuentra a cuatro materias de recibirse de procuradora, un objetivo que buscó sostener junto con el entrenamiento y su trabajo.
El regreso y una estrategia que dio resultado
El Maratón de Ohrid, una competencia tradicional de las ultramaratones internacionales, representó para García una verdadera prueba de fuego. La carrera se desarrolla en un lago y los 25 kilómetros implican atravesar diferentes condiciones de temperatura del agua durante más de cinco horas de competencia.
Antes de largar, la santafesina fue clara con su guía: no sabía cómo iba a responder su cuerpo después de tanto tiempo sin competir. Sin embargo, también se apoyó en una experiencia construida durante décadas.
“Yo tengo 42 años, pero tengo la experiencia de haber nadado más de 80 maratones en el mundo”, señaló. La estrategia consistía en mantenerse inicialmente con el pelotón y adaptar la carrera de acuerdo con las sensaciones y lo que fuera sucediendo en el agua.
La competencia había estado precedida por una situación inesperada. García tenía previsto participar de una prueba en Holanda, pero la carrera fue suspendida por una tormenta eléctrica. Por eso, llegó a Macedonia sin haber tenido esa primera referencia que le permitiera medir su estado físico.
“Yo le dije a mi guía: vos confiá en mí, que en mí confío y en mi capacidad y mi experiencia”, recordó.
La certeza de que podía pelear por un lugar entre las mejores apareció después de superar la quinta de las diez boyas que marcaban el circuito. “Dije, bueno, me siento bien, puedo sostener este ritmo”, relató.
En el tramo final comenzó a evaluar la posibilidad de avanzar posiciones, pero decidió administrar las energías y no dejarse llevar por la ansiedad. Finalmente consiguió subir al tercer escalón del podio.
Volver a confiar después de una lesión
Para García, el desafío no fue solamente físico. Después de dos años sin competir, también tuvo que reconstruir la confianza en sus propias capacidades.
“Yo fui número cuatro del ranking mundial. Hice más de 80 maratones internacionales. ¿Cómo no voy a poder volver? Tengo que acordarme de quién fui y qué hice”, reflexionó.
La recuperación estuvo acompañada por el regreso progresivo a los entrenamientos, el gimnasio y la preparación física. A medida que avanzaba el año, comenzó a notar que sus marcas se acercaban a los niveles que había alcanzado antes de la lesión.
Pero la verdadera respuesta llegó en Macedonia. “Yo tenía que saber si estando ahí quería luchar o no”, explicó. Para la nadadora, el alto rendimiento requiere algo más que preparación física: necesita mantener intacto el espíritu competitivo.
“Siempre digo que tiene que estar ese fuego interno que es lo que nos hace competir”, sostuvo. Y ese fuego apareció cuando comprobó que podía sostener el ritmo y luchar por el podio.
Las condiciones de una prueba de ultramaratón exigen además un enorme esfuerzo mental. García explicó que durante tantas horas aparecen dolores en distintas partes del cuerpo y que allí el diálogo interno adquiere un papel fundamental.
“Traté con el tiempo de que el diálogo interno conmigo misma sea siempre positivo. Si vos tenés un diálogo interno negativo, te frustra un montón”, contó.
El acompañamiento de la familia y el equipo
El regreso también estuvo marcado por el respaldo de su familia y sus amigos. García recordó especialmente el impacto que tuvo abandonar una competencia en Canadá en 2024 debido a la lesión.
“Para mí es muy importante llegar, más allá del resultado, siempre quiero llegar, terminar la prueba”, afirmó.
Durante el tiempo que estuvo alejada de las competencias, sus seres queridos fueron una parte fundamental del proceso. Incluso acompañaron a la nadadora cuando tuvo que mirar desde su casa carreras en las que durante años había sido protagonista.
“Fue muy duro estar afuera de algo que hiciste toda tu vida”, reconoció.
García también destacó la importancia de contar con un equipo de trabajo. En los últimos años fue entrenada por Esther Núñez, con quien logró algunos de los resultados más importantes de su carrera: la victoria en Macedonia y terceros puestos en Capri-Nápoles y Canadá.
“Siempre uno tiene que tener un entrenador, porque uno mismo es muy difícil de autoentrenarse”, sostuvo. En ese sentido, remarcó la importancia de rodearse de profesionales y de analizar cada competencia para detectar aspectos que puedan mejorarse.
Un podio con otra argentina y nuevos objetivos
El tercer puesto en Macedonia tuvo además un componente especial: el podio femenino fue compartido con otra argentina, Maite Pucca, ganadora de la clasificación.
“Poder estar en un podio de dos argentinas es algo muy lindo”, expresó García, quien mantiene una amistad con Pucca y recordó que fue una de las personas que la incentivó a incursionar en las pruebas de aguas abiertas de mayor distancia.
Ahora, su prioridad inmediata es completar sus estudios y recibirse de procuradora. Después llegará el momento de definir el calendario deportivo.
“Mi primer desafío es recibirme. Después, el otro desafío va a ser seguir entrenando, encontrarme conmigo misma otra vez para lo que va a ser la preparación física para poder competir el año que viene en Canadá”, adelantó.
También recibió invitaciones para competir en Portugal, por lo que deberá definir junto con su equipo cuáles serán los próximos objetivos.
Mientras tanto, García regresó a Santa Fe y continúa entrenando. La experiencia de Macedonia confirmó que, después de dos años de ausencia, la capacidad de competir y el espíritu que la llevaron a convertirse en una de las grandes referentes argentinas de las aguas abiertas siguen intactos.





















