Durante los últimos días, distintas imágenes de volcanes en actividad volvieron a recorrer el mundo. El caso más impactante ocurrió en Indonesia, donde el volcán Anak Krakatau registró una intensa erupción que obligó a interrumpir vuelos, modificar actividades escolares y mantener restricciones en la zona cercana al cráter.
La actividad del volcán comenzó a intensificarse a fines de la semana pasada y uno de los episodios eruptivos se extendió durante aproximadamente 25 horas, con emisión de lava, cenizas y material volcánico. La nube de cenizas alcanzó grandes alturas y provocó complicaciones en el tránsito aéreo de Indonesia.
El episodio llegó a afectar a más de 1.500 vuelos y unos 170.000 pasajeros en ocho aeropuertos, incluido el principal aeropuerto internacional de Yakarta. Las autoridades recomendaron además evitar el área cercana al cráter debido a los riesgos asociados a la actividad volcánica.
¿Por qué hay tantos volcanes en Indonesia?
La explicación está, literalmente, debajo de nuestros pies.
Indonesia se encuentra sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, una enorme zona que rodea buena parte del océano Pacífico y donde se concentra una gran cantidad de actividad sísmica y volcánica.
El país cuenta con más de 100 volcanes activos y se encuentra sobre los límites de varias placas tectónicas. El movimiento de esas placas favorece la formación de magma y explica por qué las erupciones y los terremotos forman parte de la dinámica natural de la región.
Por eso, que varios volcanes indonesios presenten actividad al mismo tiempo no significa necesariamente que exista una conexión directa entre ellos. Cada sistema volcánico responde principalmente a las condiciones geológicas particulares de la zona en la que se encuentra.
¿Y qué pasa con el Etna?
El volcán Etna, en Sicilia, también volvió a registrar actividad recientemente. A comienzos de septiembre se produjo un incremento de la actividad eruptiva, que llevó a las autoridades a elevar el nivel de alerta para la aviación.
El Etna es uno de los volcanes más activos de Europa y su comportamiento es monitoreado permanentemente debido a su cercanía con poblaciones y rutas aéreas.
Su actividad, sin embargo, tampoco implica que exista una relación con lo ocurrido en Indonesia. El hecho de que dos volcanes entren en actividad en fechas cercanas no significa que uno haya provocado al otro.
¿Los volcanes pueden predecirse?
No exactamente.
Los científicos pueden detectar señales de que un volcán está cambiando su comportamiento, pero todavía no pueden determinar con precisión cuándo ocurrirá una erupción, cuánto durará o cuál será su magnitud.
Para monitorearlos se utilizan instrumentos que registran terremotos y deformaciones del terreno, además de mediciones de gases, temperatura y otros indicadores.
El objetivo es detectar cambios que puedan indicar que el magma está ascendiendo o que aumenta la presión dentro del sistema volcánico.
Un volcán que ya cambió la historia
El nombre Krakatau no es nuevo para la humanidad.
En 1883, una enorme erupción del Krakatau destruyó gran parte de la isla y provocó tsunamis que causaron decenas de miles de muertes. Décadas después, en 1927, comenzó a emerger en el interior de esa antigua caldera una nueva isla volcánica: Anak Krakatau, cuyo nombre significa literalmente “hijo de Krakatau”.
El volcán volvió a protagonizar un episodio trágico en 2018, cuando un colapso de uno de sus flancos provocó un tsunami que dejó más de 400 muertos.
Por eso, cada nuevo aumento de actividad en Anak Krakatau es seguido con especial atención por los organismos de monitoreo.
Entonces, ¿están despertando todos los volcanes?
No.
Lo que estamos viendo es una combinación de fenómenos volcánicos reales y una enorme capacidad de difusión de las imágenes en redes sociales.
Que el Anak Krakatau esté atravesando una fase eruptiva importante mientras otros volcanes, como el Etna, presentan actividad, no significa que la Tierra esté entrando en una etapa excepcional de volcanismo.
Los volcanes siempre están cambiando. Algunos entran en erupción, otros permanecen inactivos durante décadas o siglos y otros muestran pequeños episodios de actividad que pueden pasar prácticamente desapercibidos.
Lo que cambió, en buena medida, es nuestra capacidad para verlos en tiempo real.
Y cada vez que la Tierra vuelve a expulsar fuego, cenizas y lava, las imágenes nos recuerdan que debajo de la superficie aparentemente tranquila del planeta existe un mundo que nunca dejó de moverse.
