Hola mis queridos lectores de LT9, ¿cómo están?
Este sábado quiero invitarlos a viajar un poquito en el tiempo, pero también quiero llevarlos a un lugar que para quienes vivimos en el centro-norte santafesino es mucho más que un predio ubicado al costado de la Ruta Nacional 11.
Hoy quiero contarles la historia de la Sociedad Rural de San Justo y de su tradicional Expo Rural.
Y quizás esta columna tenga para mí un significado especial, porque muchas veces hablamos del campo argentino desde los grandes números: toneladas producidas, cabezas de ganado, hectáreas sembradas, exportaciones, dólares que ingresan al país. Pero detrás de todos esos números existen pueblos, instituciones y personas que durante décadas fueron construyendo la identidad productiva del interior.
La Sociedad Rural de San Justo es una de ellas.
Todo comenzó en 1944. Tenemos que retroceder hasta el 30 de abril de 1944, fecha en que fue fundada la Sociedad Rural de San Justo. Pensemos por un momento en aquella Argentina.
El campo era muy diferente al que conocemos hoy. No existían las sembradoras de precisión, los monitores de rendimiento, los drones, la agricultura satelital ni las herramientas digitales que actualmente forman parte de nuestra vida cotidiana.
Las comunicaciones eran otras, las distancias parecían mucho mayores y la producción agropecuaria dependía todavía más del esfuerzo físico, del conocimiento transmitido entre generaciones y de comunidades rurales que necesitaban organizarse para defender sus intereses y progresar.
En ese contexto nació nuestra Sociedad Rural.
Desde sus comienzos tuvo entre sus objetivos representar y defender a los productores agropecuarios, pero también acompañar el desarrollo de la producción y contribuir al arraigo de las familias rurales de San Justo y de toda la región.
Y hay algo interesante en su historia: la Expo prácticamente nació junto con la propia institución.
La Sociedad Rural fue fundada en 1944 y en este 2026 estamos llegando a la 82.ª Expo Rural de San Justo.
Eso significa que varias generaciones de productores, cabañeros, comerciantes, industriales, trabajadores rurales, profesionales y familias atravesaron sus puertas.
Una exposición que fue cambiando junto con el campo. Las exposiciones rurales tuvieron históricamente una función fundamental.
Antes de internet, de las redes sociales y de la posibilidad de conocer en segundos una máquina fabricada a miles de kilómetros, las exposiciones eran verdaderas ventanas hacia el futuro.
Allí los productores podían encontrarse con nuevas tecnologías, conocer reproductores, comparar genética, observar maquinaria, intercambiar experiencias y, sobre todo, encontrarse.
Porque el campo siempre tuvo una particularidad: producimos muchas veces separados por kilómetros, pero necesitamos encontrarnos para crecer.
Y las rurales fueron justamente eso: lugares de encuentro.
Con el paso de los años, la Expo de San Justo dejó de ser exclusivamente una muestra agropecuaria para convertirse en una verdadera exposición agroindustrial, ganadera, comercial, tecnológica y social.
Hoy el predio ubicado sobre la Ruta Nacional 11, en el kilómetro 565,5, recibe durante la exposición a productores y visitantes provenientes de distintos puntos de la provincia y del país.
Para dimensionar cuánto creció aquella exposición nacida hace más de ocho décadas, basta mirar algunos números actuales.
La Expo cuenta actualmente con más de 70.000 metros cuadrados de exposición, alrededor de 120 expositores y más de 40 cabañas ganaderas, además de empresas de maquinaria agrícola, insumos, servicios, tecnología, construcción, comercio y diferentes actividades productivas.
Pero existe un aspecto que merece un capítulo especial.
San Justo y la ganadería
Quienes recorren actualmente la Expo saben que la ganadería se transformó en uno de sus grandes protagonistas.
La muestra reúne genética bovina proveniente de diferentes regiones y se ha convertido en un punto de encuentro importantísimo para criadores y cabañeros.
En sus últimas ediciones llegaron a participar más de 40 cabañas y cientos de reproductores. La Expo incluye juras y remates de bovinos, equinos, ovinos y caprinos, convirtiendo durante algunos días a San Justo en una verdadera capital regional de la genética animal.
Incluso la exposición posee actualmente la categoría de Exposición Promocionada para la raza Braford, un reconocimiento que habla del lugar que San Justo consiguió dentro del circuito ganadero nacional.
Esto tampoco ocurrió por casualidad.
Es el resultado de muchos años de trabajo, de productores que apostaron por mejorar sus rodeos, de cabañas que confiaron en la exposición y de una región en la que la ganadería ocupa un lugar cada vez más importante.
Y quizás allí podamos entender algo fundamental: una exposición rural no solamente muestra lo que una región produce. También puede ayudar a definir hacia dónde esa región quiere crecer.
De los animales y las máquinas a la tecnología y los negocios
Pero si algo demuestra la historia de esta Expo es su capacidad para evolucionar.
Hoy ya no alcanza con colocar una máquina en un stand o llevar un reproductor a una pista.
El productor necesita información.
Necesita capacitación, contactos, financiamiento, tecnología y posibilidades de hacer negocios.
Por eso comenzaron a incorporarse charlas técnicas, capacitaciones, rondas de negocios y espacios de networking donde productores, profesionales, empresarios, comerciantes y emprendedores pueden encontrarse.
En 2024, por ejemplo, durante la 80.ª edición se desarrollaron rondas de negocios destinadas no solamente al agro, sino también a empresas vinculadas con genética, servicios, industria metalúrgica, construcción, tecnología e insumos.
Es decir que aquella exposición rural que nació acompañando principalmente al productor hoy funciona también como una enorme plataforma económica regional.
Y esto es importante entenderlo.
Cuando miles de personas llegan durante un fin de semana a una ciudad como San Justo, el movimiento no queda encerrado dentro del predio.
Se mueve la gastronomía, los hoteles, las estaciones de servicio, los comercios, los proveedores, los transportistas y los servicios.
La Expo termina convirtiéndose en una vidriera de toda la ciudad.
Ochenta años de evolución
En 2024 ocurrió algo particularmente simbólico.
La Sociedad Rural cumplió 80 años y realizó también la 80.ª edición de su exposición, bajo un lema que resumía perfectamente esa historia: “80 años de evolución”.
Me gusta especialmente esa palabra: evolución.
Porque evolucionar no significa olvidar de dónde venimos.
Significa conservar las raíces mientras incorporamos nuevas herramientas.
El productor que hace ochenta años llegaba a una exposición para observar un toro o conocer una nueva maquinaria probablemente tenía exactamente la misma inquietud que tenemos hoy cuando escuchamos hablar de inteligencia artificial, agricultura digital, drones, genética o biotecnología:
¿Cómo puedo producir mejor?
Cambió la herramienta.
No cambió la pregunta.
La Rural también atravesó momentos difíciles
Ochenta años de historia significan también atravesar crisis económicas, sequías, inundaciones, cambios tecnológicos, transformaciones productivas y hasta una pandemia.
La edición de 2021, por ejemplo, estuvo inevitablemente marcada por las consecuencias del Covid-19.
La 77.ª Expo debió adaptarse y combinó actividades presenciales y virtuales. No contó con la tradicional muestra comercial en el formato habitual, pero mantuvo actividades ganaderas, juras y remates, incorporando además transmisiones por redes sociales.
Podría haber sido simplemente un año sin exposición.
Pero hubo Expo.
Y creo que esa pequeña historia también explica por qué algunas instituciones logran atravesar generaciones: porque saben adaptarse sin perder su esencia.
También ha sabido evolucionar abriendo las puertas de su Comisión Directiva a las mujeres, quienes, con compromiso, capacidad y una mirada renovadora, han contribuido al crecimiento y desarrollo de la Expo Rural de San Justo. Un camino que refleja los cambios que también se fueron dando en el sector agropecuario y que hoy tiene un símbolo muy concreto: al frente de este equipo humano se encuentra la Ing. Agr. María Herminia Rabasedas. Su liderazgo representa no solo un reconocimiento a su trayectoria y capacidad, sino también el lugar cada vez más relevante que las mujeres ocupan en las instituciones vinculadas al campo
De 1944 a 2026
Llegamos entonces al presente.
En este 2026, la Sociedad Rural de San Justo tiene 82 años de vida y se prepara para celebrar su 82.ª Expo Rural, bajo el lema “Una pasión que crece”.
Y quizás no exista una frase mejor para resumir esta historia.
Porque creció la exposición.
Creció su infraestructura.
Creció la cantidad de empresas.
Creció la participación de las cabañas.
Creció la incorporación de tecnología.
Pero, fundamentalmente, creció su importancia para San Justo y para todo el centro-norte de Santa Fe.
Además, la institución continúa desarrollando nueva infraestructura y ampliando su sector ganadero con la intención de consolidar a San Justo como una de las principales plazas ganaderas de la provincia.
Pero hay algo que ningún número puede explicar.
Porque para quienes somos de pueblos y ciudades vinculados al campo, las exposiciones rurales también forman parte de nuestra memoria.
La Expo está en nuestros recuerdos ¿Quién no recuerda alguna Expo de su infancia?
El olor del asado.
Los animales perfectamente preparados esperando entrar a la pista.
Los chicos mirando enormes tractores como si fueran juguetes gigantes.
Las familias caminando entre los stands.
Los productores encontrándose con alguien a quien quizás hacía meses que no veían.
Los vendedores esperando clientes.
Los estudiantes recorriendo la muestra.
Las charlas que empiezan hablando de un toro, de una soja, de una máquina o del clima y terminan hablando de la vida.
Eso también es una Rural.
Y probablemente allí esté una de las razones por las cuales estas instituciones sobrevivieron durante más de ocho décadas.
Porque nunca fueron solamente organizaciones de productores.
Se transformaron en parte de la identidad de sus comunidades.
Una institución que pertenece a San Justo
Hoy la Sociedad Rural busca precisamente reforzar ese concepto de puertas abiertas.
Su actual presidenta, María Herminia Rabasedas, ha destacado la importancia de involucrar a las nuevas generaciones y de participar en temas que exceden estrictamente al sector agropecuario, vinculándose con otras instituciones y con la comunidad de San Justo.
Y creo que ese será uno de los grandes desafíos de las rurales hacia adelante.
Seguir defendiendo al productor, por supuesto.
Pero también ayudar a reconstruir ese puente entre el campo y la ciudad que tantas veces parece innecesariamente roto.
Mostrar cómo se produce.
Explicar por qué hacemos lo que hacemos.
Abrir las tranqueras.
Acercar a los chicos.
Hablar de tecnología, ambiente, producción, trabajo y alimentos.
Porque probablemente muchas personas que visitan una exposición rural no sean productores agropecuarios.
Y justamente por eso es importante que vayan.
Una historia que todavía se está escribiendo
Cuando el próximo visitante atraviese el tradicional arco de entrada de la Sociedad Rural de San Justo quizás vea solamente una exposición.
Pero detrás de esos stands existen 82 años de historia.
Hay productores que ya no están.
Hay familias que participaron durante generaciones.
Hay dirigentes que dedicaron horas de su vida sin recibir nada a cambio.
Hay cabañeros que recorrieron cientos de kilómetros para traer sus animales.
Hay trabajadores preparando el predio.
Hay comerciantes apostando.
Hay jóvenes que recién empiezan a involucrarse.
Y hay una ciudad entera que, durante algunos días del año, vuelve a encontrarse alrededor de aquello que permitió crecer a buena parte del interior santafesino: la producción y el trabajo.
Por eso, cuando hablamos de la Expo Rural de San Justo, no estamos hablando simplemente de tractores, toros o stands.
Estamos hablando de nuestra historia.
De aquella Sociedad Rural que nació el 30 de abril de 1944, cuando un grupo de productores decidió organizarse y mirar hacia adelante, y de la institución que más de ocho décadas después continúa intentando hacer exactamente lo mismo.
Tal vez cambien las máquinas.
Cambien los cultivos.
Cambie la genética.
Cambien las tecnologías.
Y seguramente cambiarán muchas veces las personas que ocupen sus cargos.
Pero mientras exista una nueva generación dispuesta a continuar el trabajo de la anterior, la historia seguirá.
Porque una Rural no se construye solamente con un predio.
Se construye con personas.
Y después de 82 años, la Sociedad Rural de San Justo puede decir que aquella semilla sembrada en 1944 todavía sigue creciendo.
Nos encontramos el próximo sábado para seguir descubriendo juntos las historias de nuestro campo argentino.
