La conmoción por el grave episodio ocurrido en una escuela N| 40 de San Cristóbal sigue generando interrogantes profundos en la sociedad santafesina. En diálogo con LT9, María Inés Waltos, integrante del Colegio de Psicopedagogos de Santa Fe, invitó a reflexionar más allá del enojo y la impotencia para intentar comprender las raíces de una violencia que, según explica, no nace de la nada.
“Es fundamental no quedar atrapados en la conmoción. Para la víctima y su familia fue tarde, pero para el agresor y su familia también, porque sus vidas ya no serán las mismas”, comenzó señalando Waltos, citando una idea de la psicóloga Beatriz Janin: “El victimario no solo mató a una persona, sino que en parte se mató a sí mismo”.
Waltos destacó que la escuela suele ser el lugar donde estallan conflictos que la sociedad no logra resolver en otros ámbitos. “La escuela es el escenario social de la infancia. Allí se denuncia el abuso, la violencia, se vota, se reparte comida. Es un lugar de refugio donde los estudiantes se animan a mostrar situaciones que no confían en otros lados”, explicó.
Respecto al perfil del agresor, la profesional cuestionó las etiquetas de “familias ordenadas o desordenadas” que circularon en los medios. “Se decía que el victimario era un excelente alumno, sin problemas de conducta ni indicios de violencia. Era un ‘estudiante ordenado’. ¿Por qué pasó esto? Tal vez hubo un sufrimiento silencioso que no se supo ver”, reflexionó.
Un pedido de auxilio: “Que me miren, que me esperen”
La psicopedagoga hizo hincapié en la “soledad marcada” y la “hiper exigencia” en la que viven los jóvenes hoy, muchas veces frente a pantallas sin acompañamiento adulto. En este sentido, compartió una experiencia reciente en una escuela santafesina donde pidieron a alumnos de primer año que escribieran qué les pedirían a los adultos con los que conviven:
“Pedían escucha, poder comer juntos, que les miren las carpetas, que los esperen, no estar solos al llegar a casa. Es algo tan simple, pero que no está pasando. Hay que ralentizar la crianza, parar la pelota y revisar qué estamos haciendo como adultos”.
El reclamo por equipos profesionales
Finalmente, Waltos volvió a poner sobre la mesa la necesidad de mayor presupuesto y cargos para profesionales de la salud mental dentro de los establecimientos educativos.
“Estamos conviviendo con chicos que tienen diagnósticos psiquiátricos complejos y están medicados dentro de la escuela. La presencia de equipos de orientación permite una mirada y una escucha diferente. Así como la secundaria es obligatoria, el derecho a la salud mental de nuestros niños y adolescentes también debe serlo“, concluyó






















