La medalla de bronce en los 10 kilómetros de aguas abiertas de los Juegos Suramericanos se convirtió en el primer logro para Argentina en la competencia internacional.
Detrás de ese logro está Romina Imwinkelried, la nadadora santafesina oriunda de San Jerónimo Norte, quien pasó por el stand de la Nueva Nueve en el Fan Fest, todavía emocionada por lo conseguido y contó sus sensaciones después de una carrera que coronó años de trabajo, sacrificios y decisiones personales.
“Todavía no caigo”, reconoció Imwinkelried, quien aseguró que llegó a la prueba con una tranquilidad especial. “Era como cuando vas al colegio y llegás con la tarea hecha. El deber de la tarea hecha me daba la tranquilidad y la seguridad de que solo tenía que venir a disfrutar y buscar lo que trabajé”, explicó.
La competencia tuvo además una dificultad particular: el agua estuvo al límite de la temperatura permitida por el reglamento internacional. El promedio registrado fue de 16,06 grados, apenas por encima del mínimo establecido. “Me gusta el agua fría”, contó la nadadora, que debió adaptarse a las exigencias del traje de neoprene y a las bajas temperaturas.
Una carrera construida lejos de casa
Romina, de 32 años, comenzó su formación en el Club Libertad de San Jerónimo Norte y desde hace tres años vive y entrena en Buenos Aires con el entrenador Damián Blaum. El cambio llegó después de atravesar un período de frustraciones deportivas que la llevó a replantearse su carrera.
“Era o tirar la toalla o seguir nadando”, recordó. Una invitación para entrenar en Buenos Aires terminó abriendo una nueva etapa. “Había algo dentro de mí que me decía: tenés un poquito más para dar. Jugátela”, relató.
La preparación para los Juegos incluyó también una estadía de tres semanas en Francia, en la altura, gracias al apoyo de la Provincia de Santa Fe. Ese proceso, sumado al respaldo de su familia y de personas que colaboran económicamente con su carrera, fue clave para llegar en condiciones a la competencia.
“Muchas veces la familia termina renunciando a cosas para dárselas al deportista”, destacó Imwinkelried, quien se emocionó al hablar de su mamá, presente durante la entrevista de LT9.
Lo que viene
La nadadora ya piensa en sus próximos objetivos. En noviembre buscará participar del Mundial de 10 kilómetros en Cancún, mientras que en marzo tendrá otra instancia importante en Colombia, donde se disputarán plazas para los Juegos Panamericanos de Lima.
Consciente de las dificultades económicas que implica sostener una carrera internacional, Imwinkelried remarcó la necesidad de contar con apoyo para poder continuar compitiendo al máximo nivel.
Con la experiencia de haber llegado al podio después de años de esfuerzo, Imwinkelried también se dirigió a quienes recién comienzan a transitar el camino deportivo. Desde su propia historia, sostuvo que el lugar de origen o los recursos disponibles no son un límite para alcanzar grandes objetivos. “Primero hay que soñar y después trabajar mucho para esos sueños”, afirmó. Y dejó una reflexión que resume su recorrido: “Todo lo que uno sueña, se propone y trabaja para eso lo puede cumplir”.





















