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Opinión

Jersey+: el tambo robotizado que une tecnología, tradición y futuro en María Juana

La familia Dalmasso puso en marcha el primer tambo estabulado y totalmente robotizado de la Argentina dedicado exclusivamente a vacas Jersey. Un proyecto que combina tecnología, bienestar animal y eficiencia productiva con una historia familiar de varias generaciones y un nuevo desafío: pasar la posta a los más jóvenes

Hola mis queridos lectores de LT9, ¿cómo están?

La columna de hoy me llena de emoción. Ustedes ya me conocen y saben que la combinación del campo con mis raíces me llena los ojos de lágrimas. Por eso los invito a preparar el mate y viajar conmigo, aunque sea con la imaginación, nada más y nada menos que a mi pueblo: María Juana, ubicado a unos 70 kilómetros al oeste de la capital provincial.

María Juana es el lugar donde nací, crecí y donde guardo algunos de los mejores recuerdos de una infancia y una adolescencia inolvidables. Fue también en este pueblo donde comenzó mi pasión por el campo, por el sector agropecuario y, fundamentalmente, por la gente del campo argentino.

Hoy me llena de orgullo poder contarles la historia de una familia que decidió apostar al futuro, a las generaciones que vienen, al desarrollo, a la innovación y al trabajo. Estamos hablando de la familia Dalmasso, una familia ligada desde hace muchos años a la producción agropecuaria y que hoy atraviesa un interesante y desafiante proceso de recambio generacional.

Adrián Dalmasso, técnico agrónomo y padre de Manuel, fue quien quedó al frente de la empresa y durante muchos años llevó sobre sus hombros buena parte de la gestión y de las decisiones productivas. Pero Adrián no es solamente alguien que administra desde una oficina. Continúa involucrado directamente en el trabajo del campo, realizando con maquinaria propia las labores de cosecha de granos y el picado.

En este año comienza para él y para toda la familia una nueva etapa. Adrián busca ir delegando paulatinamente algunas responsabilidades vinculadas a la gestión para darles lugar a los más jóvenes, para que comiencen a tomar la posta y construir su propio camino dentro de la empresa familiar.

Y justamente de eso también trata la historia que les quiero contar hoy: de una familia que mira hacia adelante, que incorpora tecnología, que apuesta por una nueva generación y que decidió llevar adelante en María Juana un proyecto que marca un paso importante para la lechería y para nuestra región.

Allí, la familia Dalmasso puso en marcha Jersey+, el primer tambo estabulado y totalmente robotizado de la Argentina dedicado exclusivamente a vacas de raza Jersey. El proyecto fue inaugurado oficialmente el 26 de agosto de este año y cuenta con tres robots de ordeño DeLaval VMS V300 instalados dentro de un galpón tipo freestall de aproximadamente 120 metros de largo por 30 de ancho. Pero este tambo no nació de un día para otro. Fueron alrededor de seis años de planificación, inversión y construcción, realizados con recursos generados por la propia actividad de la empresa familiar.

Para entender por qué este proyecto tiene un significado especial hay que retroceder bastante más en el tiempo. La historia productiva de los Dalmasso atraviesa varias generaciones. Luis Humberto Dalmasso, hoy con 86 años, comenzó a trabajar en el campo en 1957, acompañando a su hermano Selmo. Aquella generación empezó trabajando campos alquilados y, con el paso de los años, fue adquiriendo tierras y creciendo. Incluso fueron pioneros en la incorporación de la inseminación artificial en la zona. La actividad tambera familiar comenzó formalmente alrededor de 1985 y fue atravesando diferentes etapas, dificultades y transformaciones hasta llegar a este presente.

Y es justamente esa historia la que permite comprender que Jersey+ no es solamente un galpón nuevo con tres robots. Es el resultado de décadas de experiencia y también de momentos difíciles que obligaron a la familia a repensar su actividad. Luego de algunos años de interrupción, en 2018 decidieron volver con fuerza a la lechería, esta vez apostando por la raza Jersey. Y a partir de allí empezó a tomar forma una idea diferente: producir leche buscando principalmente eficiencia y calidad, poniendo el foco sobre los sólidos útiles —grasa y proteína— y no solamente sobre la cantidad de litros producidos.

La elección de la vaca Jersey tampoco es un dato menor. Son animales de menor tamaño que otras razas lecheras tradicionales, pero reconocidos por producir una leche con elevada concentración de grasa y proteína. En este planteo, el objetivo no pasa únicamente por conseguir muchos litros por vaca, sino por obtener un producto de alto valor composicional utilizando eficientemente los recursos disponibles. Según explicó la propia familia, buscan sostener niveles de sólidos útiles similares o incluso superiores a los que venían obteniendo en el sistema convencional, que se ubicaban aproximadamente entre 9,20 y 9,40%.

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Pero si hablamos del nuevo tambo, inevitablemente tenemos que hablar de los robots. Aquí aparece una transformación muy interesante en la manera de entender el ordeño. En un tambo convencional, normalmente son las personas quienes determinan el momento en el cual las vacas deben acercarse a la sala de ordeño. En este sistema ocurre algo diferente: existe un tránsito guiado de los animales y cada vaca puede ingresar al robot de acuerdo con determinados parámetros establecidos previamente. El sistema identifica individualmente al animal y registra información que permite ajustar su manejo.

El bienestar animal también ocupa un lugar central en el diseño. El establecimiento cuenta con camas individuales de goma, ventilación, cepillos y sistemas que organizan la circulación de los animales. La idea es que la vaca pueda descansar, alimentarse y desplazarse reduciendo situaciones de estrés. Y esto es importante porque cuando hablamos de bienestar animal no estamos hablando únicamente de una cuestión ética, sino también productiva. Una vaca que descansa correctamente, que dispone de alimento y agua, que puede expresar comportamientos naturales y que tiene buenas condiciones ambientales tiene mejores posibilidades de sostener su producción y su salud a lo largo del tiempo. El objetivo planteado por los Dalmasso es justamente evitar exigir innecesariamente a los animales y trabajar también sobre su longevidad.

Ahora bien, de todo lo que pude conocer de este proyecto, hay una cuestión que particularmente me interesa y es la familia que existe detrás de esta empresa. Porque muchas veces hablamos de incorporación tecnológica en el agro como si fuese simplemente comprar una máquina nueva. Y acá ocurrió algo bastante diferente: la tecnología apareció acompañando un proceso de recambio generacional.

Hoy Adrián está empezando a transitar otra etapa. Poco a poco busca ir desligándose de algunas funciones vinculadas a la gestión para permitir que las generaciones más jóvenes comiencen a ocupar esos lugares. Y creo que acá aparece uno de los grandes desafíos de cualquier empresa familiar agropecuaria: saber pasar la posta.

Dentro de esa nueva generación encontramos a Rocío Dalmasso, contadora e hija de Javier Dalmasso. Rocío se ocupa principalmente de la parte contable y administrativa de la empresa y también tuvo una participación activa y de colaboración durante la puesta en funcionamiento del nuevo sistema robotizado. Su incorporación muestra algo que vemos cada vez más en las empresas agropecuarias actuales: producir ya no depende solamente de saber sembrar un cultivo, manejar un rodeo o producir leche. También necesitamos administración, información, análisis económico, gestión y planificación.

Y también está Manuel Dalmasso, hijo de Adrián, de 27 años e ingeniero agrónomo. Manuel trabaja junto con su padre en la planificación de los cultivos y en las decisiones agronómicas de la empresa, pero además está tomando, con el acompañamiento de Adrián, una responsabilidad cada vez mayor sobre el manejo del tambo robotizado. Allí se produce una combinación interesante: por un lado está la experiencia productiva acumulada durante décadas y, por otro, una generación profesional joven que llega preparada para trabajar con agronomía, datos, tecnología y nuevas herramientas de gestión.

Y quizás ese sea uno de los aspectos más valiosos de Jersey+. Tenemos tres generaciones que, de alguna manera, están representadas dentro de una misma historia. Luis Humberto Dalmasso representa aquellos comienzos vinculados al trabajo del campo desde finales de la década de 1950. Adrián representa la generación que sostuvo y transformó la empresa, atravesó cambios y tomó la decisión de realizar esta inversión. Y Manuel y Rocío representan a esa nueva generación que comienza a asumir responsabilidades dentro de una empresa mucho más tecnificada.

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Por eso me parece importante no cometer el error de pensar que un tambo robotizado es un tambo “sin gente”. La automatización no elimina el trabajo humano; modifica el tipo de trabajo que debemos realizar. Alguien tiene que interpretar toda la información que generan esos robots. Alguien tiene que observar a los animales, planificar su alimentación, diseñar los cultivos que van a producir los forrajes, analizar costos, evaluar resultados, controlar indicadores reproductivos y sanitarios y decidir qué modificar cuando algo no funciona como debería.

La tecnología reemplaza algunas tareas rutinarias y físicamente demandantes, pero al mismo tiempo genera una necesidad cada vez mayor de personas capacitadas. En lugar de pensar solamente en el operario que ordeña dos veces por día, comenzamos a necesitar personas capaces de leer información, interpretar indicadores, detectar alertas y tomar decisiones. Y esto también puede convertirse en una herramienta para volver a acercar a los jóvenes al campo y a la producción.

El proyecto prevé que el sistema robotizado pueda alojar alrededor de 220 a 240 vacas, mientras continuará funcionando paralelamente el tambo convencional. La planificación de la familia apunta a combinar ambos sistemas y alcanzar un rodeo productivo total cercano a las 500 vacas. Es decir que Jersey+ no reemplaza de inmediato todo lo anterior; convive con ello, permitiendo comparar, aprender y evaluar resultados.

Y nuevamente aparece algo que para mí es fundamental cuando hablamos de tecnología aplicada al agro: medir. Porque incorporar tecnología simplemente porque existe no necesariamente significa producir mejor. Lo verdaderamente importante será observar qué sucede con los sólidos producidos por hectárea, la eficiencia de conversión del alimento, la longevidad de las vacas, los índices reproductivos, los costos de producción, el consumo energético, la necesidad de mano de obra, el bienestar animal y, finalmente, el resultado económico del sistema.

Dentro de algunos años, toda esa información permitirá saber con mucha mayor precisión qué funcionó, qué hubo que modificar y qué podemos aprender de este modelo. Y justamente uno de los objetivos planteados para Jersey+ es que el establecimiento también pueda transformarse en un espacio donde producción, investigación y desarrollo convivan, generando información útil para otros productores de la región.

Santa Fe es una provincia profundamente vinculada con la lechería. Tenemos conocimiento, productores, profesionales, industrias, universidades y una enorme tradición productiva. Pero esa tradición no significa que debamos producir durante los próximos treinta años exactamente de la misma manera que producíamos hace treinta años. El desafío está justamente en conservar el conocimiento adquirido y, al mismo tiempo, animarnos a probar nuevas herramientas.

En definitiva, detrás de cada robot continúa habiendo personas. Detrás de cada dato continúa existiendo alguien que debe interpretarlo. Y detrás de esta inversión está la familia Dalmasso intentando unir tres cosas que muchas veces parecen difíciles de combinar: la experiencia de quienes construyeron la empresa, el conocimiento de las nuevas generaciones y una tecnología que obliga a pensar la producción de una manera diferente.

Quizás ese sea el verdadero valor de este tambo de María Juana. No solamente mostrar hasta dónde puede llegar hoy la tecnología aplicada a la lechería argentina, sino demostrar que innovar también puede ser una manera de darle continuidad a una historia familiar.

Y como siempre les digo, el campo cambia constantemente y nosotros tenemos la enorme oportunidad de conocer a las personas que están detrás de esos cambios, entender por qué toman determinadas decisiones y, sobre todo, medir qué resultados obtienen. El próximo sábado nos volvemos a encontrar para seguir descubriendo juntos otra historia de nuestro sector agropecuario.

Autor

  • Catalina Juliá

    Ingeniera Agrónoma, nacida en María Juana, pero desde hace 14 años vivo en San Justo, lugar que hoy siento como propio porque formé mi familia y también me desarrollé como profesional. Mi cercanía con el campo empezó desde muy chica. Vengo de una familia con raíces profundas en la actividad agrícola tambera, iniciada por mi abuelo, que llegó desde España.

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