Los abuelos y la tía de Jeremías Monzón, el adolescente de 14 años asesinado en Santa Fe, mantuvieron un encuentro con el gobernador Maximiliano Pullaro y el ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni. Durante la reunión, los familiares trasladaron su preocupación por la falta de seguridad y el avance de la denominada “Ley Jeremías”, una iniciativa que busca abordar la problemática de la delincuencia juvenil de manera integral.
“Nos dio un poquito de esperanza”, expresaron los abuelos a la salida del encuentro. Uno de los puntos más firmes que plantearon fue la necesidad de que la ley contemple la investigación y sanción a los padres de los menores que cometen delitos graves. “Si vos como padre lavás la ropa, la quemás o sacás a tu hijo de la provincia, sos cómplice. Tienen que hacerse cargo ellos y también sus padres”, sentenciaron con crudeza.
Indignación por el uso de redes sociales
A pesar de estar bajo proceso judicial, la familia denunció que los menores implicados en el crimen mantienen perfiles activos. “En teoría no podían tener redes y las tienen. Se siguen riendo de todo lo que pasó”, lamentaron. En ese sentido, señalaron que el Gobernador se comprometió a realizar un seguimiento de la situación y a trabajar junto a los fiscales para garantizar que se cumplan las restricciones vigentes hasta que se llegue al juicio.
Un pedido que trasciende el caso
Luján, tía de Jeremías, destacó que la reunión también sirvió para visibilizar otros casos de familias que atraviesan situaciones similares y que no tienen el mismo impacto mediático. “El Gobernador se comprometió a recibir a otras familias de víctimas. Muchos chicos hoy no quieren salir a la calle, tienen miedo de ir a la escuela por las amenazas. Necesitan herramientas, psicólogos y mucha terapia”, explicó.
Finalmente, la familia ratificó que seguirán impulsando la Ley Jeremías junto a legisladores provinciales. Según explicaron, el proyecto no solo se enfoca en la baja de imputabilidad o el castigo, sino en la seguridad en las escuelas y en devolverle la tranquilidad a los jóvenes de la ciudad que “dejaron de andar en bicicleta y de reunirse por miedo”.





















