El gobernador de Santa Fe firmó el decreto 1845 por el cual promulgó la Ley 14.479 sancionada por la Legislatura y declara Patrimonio Cultural Inmaterial al Liso Santafesino.
“Es por su producción de cerveza de barril sin pasteurizar y su modo tradicional de servido, vinculado a la historia de la identidad gastronómica de la Provincia” remarca el primer artículo de la flamante ley.
En el segundo artículo señala que el Poder Ejecutivo, a través de la autoridad de aplicación que establezca, deberá “promover, fomentar y facilitar las actividades y eventos que tengan por objeto revalorizar la producción de cerveza de barril sin pasteurizar, dado su aporte a la gastronomía y al turismo provincial”.
El liso ya era patrimonio cultural en al ciudad
El 11 de diciembre de 2014 se estableció por Ordenanza N° 12.159 al liso como patrimonio cultural inmaterial de la ciudad. De esta manera, fue la primera vez que el Concejo santafesino sancionó a una tradición, en consonancia con lo establecido por la Convención de la Unesco. La autora del proyecto es la ex presidenta del Concejo Municipal de Santa Fe, Adriana “Chuchi” Molina.
Desde 2019, y con el objetivo de recuperar esa fecha emblemática para la cultura cervecera local, el Día del liso santafesino comenzó a festejarse el segundo viernes de diciembre en distintos establecimientos cerveceros y gastronómicos de Santa Fe por impulso del emprendedor y divulgador de la cultura cervecera santafesina Gabriel “Polaco” Andruszczyszyn. La fecha quedó fijada por Ordenanza N° 12.866 del Concejo Municipal de Santa Fe en noviembre de 2022.
Este ícono cultural es una tradición, un hábito que tiene más de 100 años de pertenencia en la ciudad y siempre es protagonista de encuentros y reuniones en Santa Fe.
La historia del liso
Si bien hay varios mitos en torno al origen del liso y su nombre, el más reconocido se le adjudica al maestro cervecero Otto Schneider, quien pedía cerveza en un vaso de unos 350cc de capacidad y totalmente lisos. Su objetivo era poder sentir más la bebida y evitar que se calentara.
Otto Schneider llegó desde Prusia a la Argentina en 1906. Tuvo un paso fugaz por la Ciudad de Buenos Aires para luego arribar a la capital santafesina para producir cerveza.
Schneider también fundó un bar con la intención de poder degustar cerveza de calidad y recientemente producida. La bebida iba directamente a un barril sin haber sido pasteurizada. Ese toque le dio un gusto distinto, la hizo más liviana, menos turbia y al servirla bien helada eclipsó a los santafesinos que poco a poco se fuero acostumbrando a tomarla de ese modo.




















