La historia del Titanic se revive cada mes de abril desde hace más de cien años.
Además de haber inspirado innumerables reflexiones sobre la dualidad en la condición humana ante eventos extremos, el trágico hundimiento cambió drásticamente las reglas de comunicación en la navegación de muy larga distancia.
Este aspecto del penoso suceso fue expuesto con gran rigurosidad en el trabajo de D. Norris, titulado “Harold S. Bride: Heroico telegrafista del RMS Titanic”.
El texto de Norris fue recuperado y publicado en junio de 1989 en la revista “CQ Amateur Radio”.
El artículo que versaba en general sobre la importancia de la telegrafía en la historia de las comunicaciones, reveló el contenido de la comunicación telegráfica durante el accidente ocurrido en 1912 en el norte del océano Atlántico.
A continuación; los telegramas recibidos por la estación de Cabo Race momentos antes del desastre. Las planillas descubiertas informaban que el buque Carpathia recibió el llamado del Titanic a las 12.25 AM.
Carpathia: digo, estimado amigo, ¿sabe usted que hay una pila de mensajes emitidos para ustedes desde Cabo Race?
Titanic: vengan enseguida, hemos chocado un iceberg, es un CQD amigo, posición 41º 46′ N, 50º 14′ O.
Carpathia: debo avisarle a mi Capitán ¿requieren asistencia?
Titanic: Sí, vuelva rápido.
El vapor Birma también recibió el llamado y respondió.
Birma: ¿qué pasa con ustedes?
Titanic: hemos chocado un iceberg y nos hundimos, avise al Capitán.
Titanic: necesitamos ayuda de inmediato, hemos colisionado con un témpano, nos hundimos, no podemos escuchar por ruido de vapor.
Frankfort: ¿qué les pasó?
Titanic: chocamos con un témpano y nos hundimos, avise al Capitán que vengan.
Titanic: nos hundimos, 41º 46′ N, 50º 14′ O, vengan lo antes posible.
Titanic: estamos poniendo a las mujeres en los botes.
Titanic: sala de máquinas hundida hasta las calderas.
A las 2 AM el Virginian escuchó casi imperceptible la señal del Titanic que minutos después se interrumpió definitivamente.
El Carpathia y otros barcos avisaron que iban al punto indicado. Pero el Californian, que estaba a solo seis millas, no respondió. Su equipo no transmitía ni recibía las señales telegráficas porque el operador dormía.
Luego de esta tragedia se reforzó la seguridad en la operación telegráfica en alta mar y el primer cambio fue exigir a las compañías un mínimo de dos operadores telegráficos a bordo.
A comienzos del siglo XX, una tragedia mayúscula con alto costo en vidas, dejó una dolorosa lección para mejorar las condiciones de la comunicación y seguridad de navegación ultramar.






















