Las bajas temperaturas volvieron a poner bajo presión al sistema energético y generaron nuevas restricciones en el suministro de gas para las industrias de Santa Fe. Con el incremento del consumo residencial, la distribución prioriza el abastecimiento a los hogares, lo que obliga a numerosas empresas a modificar sus procesos para mantener la producción.
La situación impacta especialmente en el sector manufacturero, que debe reorganizar su funcionamiento en medio de un escenario económico complejo y con mayores costos operativos.
Empresas recurren a combustibles alternativos para evitar detener la producción
Ante la reducción o interrupción del servicio de gas natural, muchas plantas industriales se ven obligadas a utilizar combustibles líquidos, como gasoil o fueloil, para sostener la actividad y evitar la paralización de las líneas de producción.
Sin embargo, esta alternativa implica un fuerte incremento en los gastos debido al aumento registrado en el precio de estos insumos durante los últimos meses, lo que repercute directamente en los costos de fabricación.
Reclaman inversiones para ampliar la infraestructura energética
Desde el sector industrial sostienen que el principal problema no radica en la disponibilidad de gas, sino en las limitaciones de la infraestructura de transporte y distribución.
Entre los reclamos se destacan la necesidad de ampliar los gasoductos, incorporar nuevas plantas de compresión y ejecutar obras que permitan garantizar un abastecimiento estable durante los períodos de mayor demanda.
Además, advierten que las pequeñas y medianas empresas son las más afectadas, ya que carecen de recursos para afrontar inversiones propias que les permitan asegurar el suministro energético.
La producción convive con una paradoja energética
El escenario refleja una contradicción que se repite cada invierno: pese a la importante disponibilidad de recursos gasíferos en el país, numerosas industrias continúan enfrentando restricciones para acceder al suministro durante los meses de mayor consumo.
Representantes del sector consideran que, pese a la actualización de las tarifas en los últimos años, las inversiones estructurales necesarias para fortalecer la red energética aún no se concretaron con la magnitud requerida.
Julio se perfila como el período más crítico
Las empresas ya fueron notificadas sobre un esquema de restricciones que se extendería durante aproximadamente 45 días, con julio como el mes de mayor riesgo de interrupciones en el servicio.
Al panorama climático también se suman demoras administrativas vinculadas a la reorganización de organismos nacionales relacionados con la regulación y administración del sistema energético, situación que, según el sector, ralentiza la resolución de trámites necesarios para garantizar el abastecimiento.
Frente a este escenario, la industria insiste en la necesidad de planificar con anticipación las obras de infraestructura energética para evitar que las restricciones se repitan cada temporada invernal y continúen afectando la producción y el empleo en Santa Fe.





















