La comunidad educativa atraviesa días de profunda incertidumbre. A partir del grave episodio ocurrido el pasado 30 de marzo en San Cristóbal, se multiplicó la aparición de mensajes, carteles y retos virales con amenazas en diversas escuelas de la región. Ante este escenario, la psicopedagoga María Inés Waltos brindó en LT9 herramientas para comprender qué hay detrás de estas conductas adolescentes y cómo deben actuar las familias.
“Estamos viviendo un efecto contagio que era muy probable que se diera”, explicó Gualtos, pero fue tajante al definir la naturaleza del conflicto: “Esta amenaza no es el problema, es un síntoma”. Para la profesional, estos actos son un grito de auxilio de una juventud que se siente invisible: “El mensaje de los chicos es ‘mírennos, escúchennos’. Necesitan ser vistos en estos tiempos de huecos y soledad”.
Más allá del patrullero en la puerta
Waltos cuestionó que las respuestas oficiales se limiten a protocolos de seguridad o presencia policial. “¿Qué puede solucionar un patrullero en la puerta? Eso a veces intimida más. Atendemos el emergente con un parche, pero no vamos al hueso del problema, que es la gestión de las emociones”, señaló.
La especialista advirtió que muchas escuelas están recibiendo amenazas que no trascienden a los medios, generando una psicosis silenciosa. Ante esto, pidió a los padres mantener la calma para no transmitir pánico a los hijos: “No mandarlos a la escuela solo genera un mundo más inseguro y nos quita el posicionamiento como adultos”.
El peligro dentro del dormitorio
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue el análisis sobre el uso de la tecnología. Waltos coincidió con una frase que resuena en los debates sobre salud mental: “Antes el peligro estaba en la calle; ahora el peligro está dentro de casa, en el celular”.
“Cuidamos al chico de que no vaya a la esquina a las nueve de la noche, pero está en su dormitorio con un teléfono, habitando un territorio que los adultos desconocemos por completo y que no tiene límites”, graficó. En este sentido, instó a los padres a monitorear el contenido que consumen sus hijos, aclarando que no se trata de “espiarlos”, sino de acompañarlos con empatía y fomentar una cultura del cuidado.
El rol de la familia y la escuela
Para la psicopedagoga, es fundamental que tanto el hogar como la institución escolar se mantengan como “lugares seguros”. “Debemos ayudarlos a poner en palabras lo que está ocurriendo. No podemos decir simplemente ‘es una bromita’ porque no sabemos hasta dónde pueden llegar estos retos virales”, concluyó.
La profesional cerró haciendo un llamado a las autoridades para que consulten a los equipos técnicos que están dentro de las escuelas, quienes hoy se ven superados por tareas administrativas ante las amenazas, descuidando su verdadera función de acompañamiento pedagógico y emocional.
