Carlos Wilson Arriola Aguirre, un uruguayo de 60 años oriundo de Minas, en el departamento de Lavalleja, sostiene que durante la década de 1990 protagonizó una serie de encuentros con seres que, según su relato, no pertenecían a este mundo.
De acuerdo con su testimonio, todo comenzó después de que se interesara por los avistamientos de objetos voladores no identificados que se registraban en la zona. Afirma que seguía las apariciones y recorría los lugares donde supuestamente habían aterrizado esas naves.
Una noche, mientras dormía, asegura que cuatro figuras ingresaron en su habitación, lo sujetaron y lo trasladaron hasta una nave. Según describió, se trataba de criaturas de apariencia grisácea, con ojos grandes y cabezas desproporcionadas respecto del resto del cuerpo.
Arriola Aguirre sostiene que durante aquellos episodios mantuvo una especie de comunicación telepática con los seres, quienes lo interrogaban. También afirma que en una de esas experiencias fue sometido a un encuentro de carácter sexual con una de las criaturas.
El hombre asegura que los episodios se repitieron y que posteriormente dejó de tener contacto con los supuestos visitantes. La experiencia, según cuenta, lo habría afectado profundamente y con el paso del tiempo decidió alejarse de todo lo relacionado con los ovnis.
Arriola Aguirre también sostiene que distintos estudios médicos detectaron la presencia de tres objetos o elementos que, según su interpretación, serían implantes colocados en diferentes partes de su cuerpo.
A pesar del tiempo transcurrido, el protagonista asegura que hay un aspecto de aquella experiencia que todavía lo inquieta. Según su relato, la posibilidad de que exista en algún lugar del universo un hijo nacido de aquel supuesto encuentro es una de las ideas que más lo perturban.





















