Esta semana será importante para la economía argentina. El dato de inflación de mayo que difundirá el INDEC debería mostrar una nueva desaceleración respecto del 2,6% registrado en abril. Salvo alguna sorpresa inesperada, estamos ante una buena noticia para el Gobierno y para una sociedad que viene soportando años de alta inflación.
Ahora bien, también hay que entender por qué baja la inflación.
Cuando se conozca la composición del índice aparecerá un dato relevante: gran parte de los precios regulados permanecieron contenidos. Hubo postergaciones en aumentos de combustibles, tarifas y otros componentes que dependen, en alguna medida, de decisiones oficiales. Eso ayuda a que la inflación siga descendiendo.
No veo ningún problema en que, dentro de un esquema general de desregulación y apertura económica, el Gobierno aplique determinadas políticas activas para acompañar el proceso de baja de precios. De hecho, los resultados están a la vista.
La obsesión por llegar al 1%
También aparece una discusión que considero importante. Muchos se preguntan cuándo llegará una inflación mensual con un uno adelante. Mi impresión es que eso puede ocurrir entre agosto y septiembre.
Sin embargo, creo que el objetivo no debería ser llegar rápido, sino llegar bien.
Es preferible una desaceleración gradual y sostenida que una caída abrupta obtenida a costa de profundizar las dificultades de la economía real. La experiencia argentina demuestra que los procesos demasiado acelerados suelen terminar generando nuevos problemas.
Lo importante es consolidar una tendencia permanente. Si la inflación sigue bajando algunos décimos por mes, la Argentina puede llegar al próximo año con niveles mucho más razonables sin necesidad de aplicar un sobreajuste.
La preocupación sigue siendo el consumo
Mientras la inflación muestra señales positivas, hay otros indicadores que merecen atención.
Los datos de recaudación vinculados al IVA reflejan que el consumo todavía no encuentra una recuperación sólida. En términos reales, mayo mostró una caída significativa respecto del mismo período del año anterior, una señal que no debería pasar inadvertida.
La recaudación mejora por otros impuestos, especialmente Ganancias, pero el comportamiento del consumo continúa siendo un desafío para la economía.
A esto se suma la situación de la construcción, un sector que observo con especial atención por su capacidad para multiplicar actividad en numerosas ramas productivas. La recuperación existe, pero todavía es insuficiente. Los costos en dólares siguen siendo elevados y la ausencia de obra pública continúa impactando sobre la dinámica del sector.
Por eso, más allá de la buena noticia que representa una inflación en descenso, el verdadero desafío para los próximos meses será encontrar mecanismos que permitan fortalecer la actividad económica sin poner en riesgo la estabilidad alcanzada.
La inflación está bajando. Ahora la pregunta es cómo lograr que esa mejora también se traduzca en más consumo, más inversión y más crecimiento.
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