Nicolino Locche fue mucho más que un campeón mundial. Para muchos, “El Intocable” representó una manera diferente de entender el boxeo: defenderse, anticiparse al rival y convertir cada movimiento en un espectáculo.
Nacido en Tunuyán, Mendoza, el 2 de septiembre de 1939, Locche comenzó su carrera profesional en 1958. Con el tiempo, su estilo se volvió inconfundible y lo llevó a convertirse en una de las grandes figuras del deporte argentino.
Nicolino Locche, “El Intocable”
Su apodo no era casualidad. Locche desarrolló una técnica defensiva extraordinaria, basada en los reflejos, los movimientos de cintura y la capacidad para hacer fallar los golpes de sus rivales.
En lugar de buscar permanentemente el nocaut, el mendocino construyó una identidad propia arriba del ring. Esquivaba, esperaba y respondía, muchas veces haciendo que sus adversarios parecieran incapaces de encontrarlo.
Esa particular forma de boxear lo convirtió en uno de los púgiles más reconocibles de su época.
Su carrera amateur ya había mostrado su enorme potencial: perdió apenas cinco de sus 122 combates antes de convertirse en profesional.
De Mendoza al título mundial
Locche comenzó a construir su trayectoria profesional a fines de la década del 50. En 1961 consiguió el título argentino de peso ligero y dos años después conquistó el campeonato sudamericano de la misma categoría.
Pero el momento más importante de su carrera llegó en 1968.
El 12 de diciembre de ese año viajó hasta Tokio, Japón, para enfrentarse al campeón mundial superligero de la Asociación Mundial de Boxeo, Takeshi Fuji.
Locche dominó el combate y Fuji no pudo continuar después del noveno asalto. De esta manera, el argentino se convirtió en campeón mundial de peso superligero.
Fue el comienzo de una etapa histórica.
Un campeón que defendía con inteligencia
Después de conquistar el título, Locche defendió exitosamente su corona en cinco oportunidades. Entre esas defensas estuvo una de sus presentaciones más recordadas en el Luna Park, donde enfrentó al venezolano Carlos Hernández en 1969.
Su estilo generaba una reacción particular en el público. Cada esquive, cada movimiento de cintura y cada golpe que lograba evitar formaban parte del espectáculo.
El boxeo de Locche no dependía únicamente de la potencia. Su principal arma era la inteligencia.
Un entrenamiento tan particular como su estilo
La defensa de Locche también se entrenaba de una manera poco convencional. Según distintas anécdotas sobre sus métodos de preparación, uno de sus sparrings se colocaba a aproximadamente un metro de distancia, con Locche contra un paredón, y le arrojaba pequeñas pelotas de tenis.
El desafío del mendocino era esquivarlas utilizando principalmente los movimientos de cintura, sin apartarse del lugar. El ejercicio buscaba perfeccionar sus reflejos, coordinación y capacidad para anticipar los movimientos del rival.
Aquella práctica terminó convirtiéndose en una imagen perfecta de lo que Locche hacía sobre el ring: esquivar en el último instante y hacer que el golpe pasara de largo.
El legado de Nicolino Locche
Locche se retiró del boxeo profesional en 1976, después de una carrera que terminó con un récord de 117 victorias, 4 derrotas y 14 empates, con 14 triunfos por nocaut.
Murió el 7 de septiembre de 2005, a los 66 años.
Su nombre quedó asociado para siempre con una forma particular de interpretar el boxeo. En un deporte donde normalmente se destaca al que golpea más fuerte, Locche consiguió algo diferente: ser recordado por casi no dejarse golpear.
Por eso, décadas después de su retiro, el apodo sigue describiendo perfectamente su legado:
Nicolino Locche, “El Intocable”.





















