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“Es un alivio sacarle esta carga a mi hijo y a la sociedad”: el conmovedor testimonio de la hija de Mario Nívoli

María Soledad Nívoli relató por la Nueva 9 cómo recibió la noticia del hallazgo de los restos de su padre en la fosa común de La Perla.

María Soledad Nívoli

La identificación de los restos de Mario Nívoli, secuestrado en Córdoba en 1977, marcó el cierre de un ciclo de casi cinco décadas de incertidumbre para su familia. En una entrevista profundamente emotiva con LT9, su hija, María Soledad Nívoli, compartió las sensaciones que la atraviesan desde que recibió el llamado que cambió su vida.

El momento de la noticia

Soledad recordó con precisión el instante en que su abogado, Ramiro Fresneda, le comunicó la novedad: “Me dijo: ‘Sole, no sé cómo decirte esto, pero encontraron los restos de tu viejo’. Me tuve que apoyar en una pared porque sentí que tambaleaba. El cuerpo reacciona primero ante una noticia así”, relató.

Lo más impactante fue la reacción de su hijo, Emiliano, quien al verla llorar comprendió de inmediato la situación. “¿Encontraron sus huesitos?, preguntó el niño. Para Soledad, ese momento representó una liberación generacional: “Me daba mucha congoja heredarle esta búsqueda a mi hijo. Al encontrarlo, siento que le saqué esa carga a él y también a nuestra sociedad”.

Un camino de lucha: de Santa Fe a Córdoba

La historia de la búsqueda de Mario Nívoli está íntimamente ligada a Santa Fe. Su esposa fue docente en el Colegio San José y dirigente de Sadop, y desde el primer día agotó las vías legales en plena dictadura. “Mi mamá hizo un camino árido y pesado: hábeas corpus, gestiones en el Arzobispado, en comisarías. Ella trabajó en el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos en los 80, cuando el tema no estaba en agenda y daba miedo hablar”, recordó Soledad.

La identificación fue posible gracias a una muestra de sangre que Soledad entregó al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en 2004. Aunque sabía que las excavaciones en la fosa común de La Perla estaban avanzando, la noticia la tomó por sorpresa: “Me había disciplinado en no tener expectativas después de 49 años. En mi cronología, pensaba que a él no le tocaba todavía”.

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Una búsqueda de identidad y memoria

Años antes de este hallazgo, Soledad inició una investigación personal para reconstruir la figura de su padre más allá de su desaparición. Junto a amigos fotógrafos, realizó una muestra recorriendo los lugares de su vida: su Ucacha natal, Las Perdices y Santa Fe. “Fuimos sacando fotos de su paso por la Universidad Nacional del Litoral y del Colegio San José. Todo eso me ayudó a ir elaborando ese lugar del padre que no tuve y poder empezar mi vida propia”, explicó.

Mario Nívoli era mucho más que un nombre en un expediente. Soledad lo describió como un joven que amaba la música —era baterista y fan de los Beatles— y que llegó a Santa Fe para estudiar Ingeniería Química. Allí conoció a su esposa, militó en la Juventud Peronista y formó su familia antes de ser forzado al exilio interno y su posterior secuestro en Córdoba en 1977.

El presente de su madre y el “descanso” de la memoria

Un punto conmovedor de la entrevista fue el relato sobre su madre, quien durante décadas lideró la búsqueda en Santa Fe, publicando cada febrero un aviso en el diario El Litoral con la frase: “Todavía te estamos buscando”.

Actualmente, su madre atraviesa un proceso de demencia que se precipitó tras el juicio que condenó a los responsables. “Creo que al fin descansó. Militó tanto la memoria que esa memoria ya no dio más”, reflexionó Soledad. Sin embargo, relató que al contarle la noticia y mostrarle fotos, su madre logró una conexión especial: “Aunque no habla, se conectó con esas imágenes. En algún lugar, ella recibió la noticia”.

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Ciencia pública contra el olvido

Soledad destacó el trabajo “crucial y central” del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Gracias al análisis de fotos satelitales de 1979 encontradas en Paraná, los científicos lograron localizar el punto exacto donde una fosa común en el predio de La Perla (de 14.000 hectáreas) había sido removida con palas mecánicas para ocultar las pruebas.

Para María Soledad, el hallazgo tiene un significado político y social rotundo: “Frente a las vociferaciones, aquí hay evidencia muy concreta del horror que se cometió. Esto nos da la certeza de que hay que seguir buscando; todavía nos esperan muchos años de identificación y de celebración por haberlos encontrado”.

Dejar de ser “hija de un desaparecido”

Al ser consultada sobre qué significa hoy su nueva realidad, Soledad suspiró: “Es un alivio. Significa que esto concluyó para nuestra familia. Ya no soy hija de un desaparecido, aunque sigo formando parte del colectivo de familiares porque miles siguen buscando”.

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