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Opinión

De boliche en boliche

— Casimiro González

JUEVES 19 DE ABRIL DE 2018

Un amigo cuarentón se separó. Primero pasó por toda la etapa de conmoción propia de la situación. Depresión, angustia, baja de la autoestima… hasta que se le pasó. Entonces entró en una etapa peligrosa que es la del viejo cazador que quiere volver al ruedo. Pero la situación no es la misma. Decidió armar un grupo de Whatsapp donde él es el administrador y se la pasa organizando salidas de pesca, asados con las más incoherentes excusas, partidos de fútbol (deporte para el cual ya no estamos capacitados y la vida ya se encargó de demostrarlo). Pero la discusión arrancó cuando en medio de una noche de peña este amigo levanta la voz y dice “Che, ¿Qué tal si el viernes vamos al baile?”. 

Yo me opuse tajantemente. Un tipo que dice “vamo al baile” no tiene idea de los cambios sociales, el cambio de siglo, la cantidad de almanaques que ya tiramos. La sola palabra baile dejó de usarse en el pleistoceno (más o menos). Y además en los locales nocturnos cambiaron completamente las costumbres y las tácticas de acercamiento. Yo les dije que el inconveniente principal reside en la erradicación de los lentos (a algunos casi les da un ataque cuando les dije que no se baila lento. Es lógico, sus familias no existirían si no fuera por los lentos).  

Muchos recordarán que antiguamente había toda una estrategia que comenzaba desde la puerta del boliche y cuya batalla final era llegar a los lentos. Porque, como siempre, existían los tipos populares, codiciados, bien parecidos que no precisaban más que dar una vuelta a la pista y elegir la presa. Pero la mayoría estábamos en el grupo de los “bien parecidos, a un mono”. Un cardumen de rémoras que nadábamos cerca del tiburón tratando de agarrar alguna sobra. 

Entonces el tema, la estrategia arrancaba en la cola para entrar al boliche. Ya desde ahí uno se mostraba simpático, agradable, amable, comprensivo y entretenido. Dejando pasar a alguien, haciendo un comentario entretenido. Adentro dando las primeras vueltas uno se mostraba popular y amigable levantando exageradamente la mano para saludar hacia el fondo de la oscuridad (donde no había nadie) pero así se vendía popularidad y simpatía.  

En general nosotros dábamos unas 140 vueltas a la pista por noche y nos parábamos en diferentes puntos de la barra para buscar distintos ángulos de ataque. Porque una estrategia era llegar hasta al lado de la señorita sin que nos vean (para que no huyan despavoridas al vernos venir) y sorprenderlas con la invitación a bailar sin darle mucho tiempo a pensar. Una época muy complicada para ser fulero, seco y tímido al mismo tiempo. Esos en general se dedicaron al celibato. A muchos la fealdad nos forzó a ser simpáticos y hábiles conversadores (chamulleros). Porque ojo, un feo no podía sacar a bailar en LOS LENTOS. A esa hora ya estabas fuera de juego. Porque bailar lento significaba que podía “pasar algo”. Había grandes posibilidades de “chapar”. Y ninguna chica con un poco de buen gusto iba a salir a bailar en los lentos con un flaco de figura caricaturesca.  

Había que sacar a bailar en los MOVIDOS y aguantar el partido hasta los penales. Esto era seguir saludando gente que se encontraba a las espaldas de la bailarina, gente que no te conocía pero ella no veía las caras que hacían. Y había que sacar temas de conversación de cualquier cosa. Lo que te obligaba a tener un basto conocimiento de cultura general, deportes, horóscopo, líneas de colectivos, animales en vías de extinción y un millón de temas más. 

Había un momento clave de la noche. Esa parte donde el discjockey ponía un par de temas para cambiar de ritmo. Terrible. Esas dos canciones que no eran ni movidas ni lentas. Que no había un pasito para hacer y no daba para abrazarse tampoco. Eran los dos temitas donde ponías las manos en los bolsillos, te movías mirando el techo, cantabas emocionado el tema (con un inglés intraducible) y rezabas que no se valla al baño. Porque cuando decían “voy al baño” desaparecían inmediatamente y no las veías más, no solo en la noche, no la veías más en tu vida. Parecía que pasaban una puerta dimensional que las sacaba del mundo.  

Si aguantabas esos dos temitas llegabas a la dura tarea de bailar los lentos que era una suerte de lucha greco-romana en cámara lenta. Sabemos que arrancaba con los brazos extendidos y había que llegar al “cachete con cachete”. Para esto era fundamental analizar el movimiento lateral de todos los que estaban en la pista. En general todos se iban apretando hacia el centro de la pista para que nadie los vea. Entonces uno buscaba una pareja que baile oscilando en sentido Norte-Sur (o sea, al revés de nosotros que nos movemos Este-Oeste) y trataba que esa pareja le valla golpeando en la espada de la compañera y eso produzca el acercamiento de ella sin forzarlo. 

Después era cuestión de suerte (como en los penales) y sea cual fuere el resultado uno salía de la pista caminando como si hubiera salido Campeón del Mundo y listo para darle consejos hasta a Robert Redford. Algunas veces era tanta la “emoción” que te despertaba el apriete que se complicaba salir de la pista sin que nadie note la “emoción”. En ese caso había que salir agachado, mirando el piso, muy agachado y si alguien te preguntaba ¿qué hacés caminando así? uno respondía “estoy buscando la llave que se me cayó” y te mantenías así agachado hasta que se te pasaba la “emoción”.  

El último esfuerzo después de los lentos consistía en memorizar el número de teléfono (que no eran más que cuatro o cinco números) y ver si se tenía el coraje de llamar en la semana sabiendo que seguramente te iba a atender la madre o el padre de la señorita. 

La incongruencia es la siguiente: Los que solamente sabemos “levantar” con los lentos estamos al horno porque ya no hay lentos y no sabemos cómo encarar delicadamente. Y si volvieran los lentos no sé si estaríamos dispuestos a tomarnos tanto laburo, tanto esfuerzo y sacrificio para ver si alguien nos da bola.  

Si están grandes déjense de joder con que vuelvan los lentosPor mí que no vuelvan. Los únicos lentos que me gustaría que vuelvan son Bochini y Riquelme 


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