El gobernador no necesitó un discurso épico para lograrlo, ni siquiera desplegar un operativo político a gran escala. Lo consiguió con el respaldo de la mayoría automática de la coalición y con la ayuda de convencionales de “Más para Santa Fe”, lo que reavivó la grieta en el peronismo provincial.
Durante la sesión del pasado miércoles, al bloque oficialista de Unidos y al Frente de la Esperanza se sumó el acompañamiento decisivo de un sector del PJ.
Jaquelina Balangione, Alejandra Rodenas, Patricia Boni, Rubén Pirola, Armando Traferri, Alcides Calvo y Osvaldo Sosa acompañaron con sus votos la cláusula transitoria que abre el camino a la reelección del actual mandatario santafesino.
El justicialismo llevaba años reclamando la reforma constitucional. Lo hicieron Obeid en 2007 y Perotti en 2020, con proyectos que naufragaron en la legislatura. Esta vez, el PJ no fue gobierno ni manejó la agenda, pero quedó en el centro de la escena: varios convencionales del partido avalaron la cláusula que habilita a Pullaro a buscar un segundo mandato en 2027.
La división en el PJ no fue novedosa. Se sabía que el sector referenciado en los senadores peronistas acompañaría la intención reeleccionista del gobernador. Y desde el perottismo no lo dejaron pasar: referentes de ese sector cuestionaron duramente la decisión.
En la votación del artículo 64, el que consagra la reelección, se vio con nitidez la fractura interna: un sector del justicialismo acompañó, otro votó en contra. El resultado fue suficiente para darle al gobernador lo que vino a buscar.
La convención lleva más de un mes de funcionamiento y entró en su etapa final: quedan dos semanas para cerrar el texto definitivo. Ya se aprobaron temas de fondo como la reelección y una reforma política histórica como la eliminación de la mayoría automática en Diputados y la limitación de los fueros parlamentarios.
El cierre de la séptima semana de la Convención Reformadora exhibió nuevos acuerdos entre el oficialismo y parte del PJ, sobre tributos municipales y la movilidad jubilatoria.
Estos acuerdos estuvieron en línea con lo ocurrido entre miércoles y jueves con la chance de reelección de Pullaro y la declaración de intransferibilidad de la caja jubilatoria, acompañadas por los mismos convencionales del peronismo.
El oficialismo celebra haber conseguido lo que ningún gobernador anterior pudo y Pullaro se encamina a dejar una huella histórica.
El PJ podrá anotar a su favor la paridad plena, la ampliación de derechos o algún ajuste en el sistema de control. Pero esos logros quedan opacados frente al artículo que habilita al gobernador a buscar cuatro años más de poder. En política, la foto importa más que el pie de página. Y la foto es clara: Pullaro reelección y parte del PJ acompañando.
Para Pullaro, lo conseguido es una victoria política de magnitud. Con apenas 20 meses de gestión, ya tiene en sus manos la posibilidad de un segundo mandato. En términos de proyección, eso lo coloca en un lugar de fortaleza que ninguno de sus antecesores pudo alcanzar.
Pero la reelección también es un arma de doble filo. Desde ahora, cada decisión de gobierno será leída como parte de su campaña por la continuidad. Y el margen de error se achica: una gestión que no logre mostrar resultados palpables en seguridad y en economía puede transformar el sueño de la reelección en un boomerang.
Quedan dos semanas para el cierre de la Convención y Pullaro ya tiene lo que vino a buscar. El resto de los artículos se discutirá, se negociará y se votará, pero difícilmente tengan la potencia política de la reelección. El gobernador ya ganó.
La conclusión es clara. La Convención Reformadora habilitó la relección con votos del PJ y el gobernador ya se aseguró la cláusula central. El triunfo es innegable, pero el costo político y el desgaste de la gestión definirán si la victoria de hoy no se convierte en el problema de mañana.
