La participación de Irán en el Mundial de 2026 comenzó a quedar envuelta en un fuerte clima de incertidumbre. En medio del conflicto armado que atraviesa el país y tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei durante los bombardeos iniciados a fines de febrero por Estados Unidos e Israel, desde el gobierno iraní deslizaron que la selección podría no presentarse en la próxima Copa del Mundo.
El encargado de plantear públicamente esta posibilidad fue el ministro de Deportes, Ahmad Donyalami, quien señaló que la actual situación política y social del país dificulta cualquier planificación deportiva a largo plazo. En declaraciones a la agencia DPA, el funcionario fue tajante al explicar que, tras el fallecimiento del líder religioso en los ataques aéreos, el país no cuenta con las condiciones necesarias para participar con normalidad en el torneo.
Según Donyalami, el contexto de guerra y el impacto que dejaron los recientes enfrentamientos —que ya provocaron miles de víctimas— obligan a replantear las prioridades nacionales. “Nos hemos visto forzados a enfrentar dos conflictos en menos de un año y nuestra población está pagando un precio muy alto”, sostuvo el ministro al referirse a la situación interna.
La incertidumbre también se trasladó al ámbito futbolístico. El presidente de la Federación de Fútbol de Irán, Mehdi Taj, manifestó que el escenario político genera serias dudas, especialmente porque los partidos del seleccionado iraní en la fase de grupos del Mundial se disputarían en territorio estadounidense, uno de los países involucrados en el conflicto.
Irán tiene previsto enfrentar en la primera ronda a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda, todos encuentros programados en Estados Unidos, una situación que, según las autoridades deportivas del país asiático, podría convertir el torneo en un escenario con fuerte carga política.
Aunque todavía no existe una decisión oficial, las declaraciones de los principales dirigentes del deporte iraní abrieron un interrogante sobre el futuro del equipo en la Copa del Mundo que organizarán de manera conjunta Estados Unidos, Canadá y México. En caso de concretarse la baja, la FIFA debería evaluar cómo reorganizar el cuadro del torneo y definir qué selección ocuparía el lugar vacante.






















