Cada 5 de noviembre se recuerda su fallecimiento. Murió en 2012, a los 74 años, pero su obra permanece como parte fundamental de la identidad cultural argentina.
Su historia reúne dos pasiones que marcaron su vida: el cine y la música. En ambas encontró una manera de contar historias, hablar del amor, la soledad, la marginalidad y los sueños de quienes muchas veces quedan fuera del centro de la escena.
De Mendoza al corazón de la cultura popular
Fuad Jorge Jury, conocido como Leonardo Favio, nació el 28 de mayo de 1938 en Las Catitas, provincia de Mendoza. Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas, la ausencia de su padre y los pasos por distintos hogares e internados.
Su acercamiento al mundo artístico llegó de la mano de su madre, Laura Favio, vinculada al radioteatro. Durante su juventud comenzó a trabajar como actor y encontró en el cine una forma de expresión que terminaría convirtiéndose en su gran pasión.
A fines de la década de 1950 llegó a Buenos Aires y comenzó a participar en distintas producciones cinematográficas. En ese recorrido conoció al director Leopoldo Torre Nilsson, quien se convirtió en una figura fundamental para su formación y desarrollo como cineasta.
Leonardo Favio y las películas que marcaron al cine argentino
En 1965 estrenó Crónica de un niño solo, su primera película como director. La historia retrata la vida de un chico dentro de un reformatorio y presenta algunos de los temas que atravesarían toda su obra: la marginalidad, la soledad, la injusticia y la búsqueda de afecto.
Un año después llegó El romance del Aniceto y la Francisca, una película que confirmó su enorme sensibilidad para narrar historias cotidianas y personajes atravesados por las contradicciones humanas.
En 1969 presentó El dependiente, otra de sus grandes producciones, donde volvió a explorar la frustración, los deseos y las pequeñas tragedias de la vida cotidiana.
Durante la década de 1970 amplió su universo cinematográfico con títulos que se convertirían en clásicos:
- Juan Moreira (1973): una historia de injusticia, persecución y rebeldía ambientada en el siglo XIX.
- Nazareno Cruz y el lobo (1975): una película que combina el folclore argentino, la mitología popular y una historia de amor imposible. Se convirtió en uno de los grandes éxitos de taquilla del cine nacional.
- Soñar, soñar (1976): una historia protagonizada por Carlos Monzón y Gian Franco Pagliaro, que explora los sueños y las ilusiones de dos personajes marginales.
Después de varios años de exilio, regresó al cine con Gatica, el Mono (1993), una película sobre la vida del boxeador José María Gatica que recibió el reconocimiento internacional y obtuvo el premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana.
También realizó Perón, sinfonía del sentimiento (1999), un documental de seis horas sobre la historia del peronismo, y Aniceto (2008), una nueva versión de su emblemática historia, esta vez con una propuesta que integró cine, danza y música.
Su filmografía dejó una marca profunda en la historia audiovisual argentina.
El cantante que enamoró a toda Latinoamérica
Aunque su nombre quedó asociado al cine de autor, Leonardo Favio también fue uno de los cantantes románticos más populares de América Latina.
Su carrera musical despegó a fines de los años sesenta, cuando comenzó a presentarse en televisión y conquistó al público con una voz particular y canciones cargadas de melancolía.
En 1968 publicó Fuiste mía un verano, disco que lo llevó a la popularidad masiva. Su música comenzó a escucharse en distintos países y sus canciones se transformaron en clásicos de la balada romántica.
Entre sus temas más recordados aparecen:
- Fuiste mía un verano.
- Ella ya me olvidó.
- O quizás simplemente le regale una rosa.
- Ding Dong, estas cosas del amor.
- La foto de carnet.
- Quiero aprender de memoria.
Sus canciones hablaban del amor perdido, los recuerdos, la nostalgia y las despedidas. Con melodías sencillas y una interpretación profundamente emotiva, logró construir una identidad musical reconocible en toda Latinoamérica.
Aunque su carrera como cantante fue relativamente breve en comparación con su trayectoria cinematográfica, grabó 16 discos y dejó una huella imborrable en la música popular.
Una vida atravesada por sus convicciones
La historia de Favio también estuvo vinculada a la política argentina. Su identificación con el peronismo fue una parte importante de su vida pública.
En noviembre de 1972 participó de la comitiva que acompañó el regreso de Juan Domingo Perón al país. Durante los enfrentamientos de Ezeiza, intentó utilizar los equipos de sonido para llamar a la calma.
El golpe de Estado de 1976 y la persecución política lo llevaron al exilio. Vivió principalmente en México y Colombia, donde también retomó su actividad musical para sostenerse económicamente.
Regresó definitivamente a la Argentina y retomó su trabajo cinematográfico, con Gatica, el Mono como una de las grandes expresiones de esa nueva etapa.
Leonardo Favio: un legado que sigue vivo
El 5 de noviembre de 2012, Leonardo Favio murió en Buenos Aires a los 74 años. Su fallecimiento significó la despedida de una de las figuras más importantes de la cultura argentina.
Su obra atravesó generaciones y fronteras. Fue un artista capaz de encontrar belleza en los personajes olvidados, de transformar historias pequeñas en relatos universales y de convertir el dolor en canciones que todavía emocionan.
En el cine dejó películas que forman parte de la memoria colectiva. En la música, melodías que continúan sonando décadas después de su lanzamiento.
Leonardo Favio fue actor, director, guionista, compositor y cantante. Pero, por encima de todas esas facetas, fue un narrador de historias. Un artista que supo mirar donde otros no miraban y encontrar poesía en los márgenes de la sociedad.
Su obra sigue viva porque algunas canciones nunca terminan y algunas películas nunca dejan de contarnos algo.





















