Lo que nos trajo hoy aquí es este “despertar” del dólar que tanto ruido hizo en las últimas jornadas. Ayer el dólar cerró a $1.440 para la venta. ¿Sorprende? Para nada. ¿Es negativo? Todo lo contrario. Miren los números para no asustarse: el año arrancó con un dólar a $1.495. Hoy, con esta suba y todo, sigue un 4,5% abajo del arranque del año. Si a eso le sumás que tuvimos una inflación acumulada importante, el dólar quedó “barato”. El atraso cambiario es un veneno para el comercio, para la maquinaria agrícola y para cualquiera que tenga que competir con lo importado.
La “casualidad” de Washington
¿Cómo llegamos a esto? Hagamos memoria. La semana pasada, el ministro “Toto” Caputo y su equipo estuvieron en Washington con la gente del Fondo Monetario. El dólar estaba en $1.390. Fue terminar las reuniones y, ¡pum!, empezó a subir a un ritmo de 10 pesos por día.
En Argentina somos el país de las casualidades permanentes, pero convengamos algo: al Fondo nunca le gustaron los dólares atrasados. El mensaje fue claro y el mercado reaccionó. Lo que tenemos que aprender, quizás por primera vez, es que no es malo que el dólar aumente si ese movimiento está dominado por la economía y no se traslada a precios. No debería haber impacto inflacionario inmediato porque, insisto, todavía estamos por debajo de los precios de enero.
Lo que viene: Inflación y economía real
Para abril, los números vienen más tranquilos. Después de un marzo que fue un mal mes con 3,4%, esperamos un abril que empiece con “dos coma algo”. Yo soy del club de los que prefieren no desesperarse: es mejor bajar la inflación de a poquito que meter un “frenazo” que rompa todo vía recesión.
Ahora, con el superávit fiscal no alcanza. Es imprescindible, sí, pero falta recuperar la economía real: el salario, la construcción y la industria. La buena noticia es que el Gobierno parece haberlo entendido. Ya se están impulsando créditos para Pymes con tasas por debajo del 20% anual (con una inflación proyectada mucho mayor, es casi un regalo) y los bancos están llamando a los morosos para regularizar carteras.
En definitiva, que el dólar se mueva un poco le da aire a la liquidación de la cosecha y nos pone en un nivel de mayor equilibrio. Tranquilidad, que por ahora, los vaivenes son síntomas de una corrección que el sistema pedía a gritos.





















