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Opinión

La salud mental infantil, el problema que ya entró de lleno a las escuelas

En diálogo con LT9, el ministro de Educación José Goity, advirtió sobre el impacto de la crisis económica en las escuelas y alertó sobre el crecimiento de las problemáticas de salud mental en niños y adolescentes.

La discusión sobre el nuevo sistema de becas estudiantiles que presentó el ministro de Educación de Santa Fe, dejó expuesto mucho más que un cambio administrativo o presupuestario. Detrás de la decisión de focalizar recursos en estudiantes con riesgo de abandono escolar apareció un diagnóstico que preocupa cada vez más dentro del sistema educativo: el deterioro emocional y social que atraviesan niños y adolescentes.

La crisis económica golpea directamente a las escuelas, pero sus consecuencias ya no se limitan únicamente a problemas materiales o dificultades para sostener la asistencia. Hoy el impacto también se refleja en la salud mental de los estudiantes, en el aumento de situaciones de angustia, violencia, ansiedad, aislamiento y debilitamiento de las trayectorias escolares. Y es allí donde la escuela quedó ubicada en un lugar incómodo: el de intentar contener problemas sociales que exceden ampliamente lo pedagógico.

Goity lo planteó de manera explícita en una entrevista a LT9. Reconoció que las instituciones educativas cumplen un rol de contención, pero al mismo tiempo marcó un límite al señalar que “la principal función de la escuela es enseñar y que los chicos aprendan”. La frase parece sencilla, pero en realidad describe uno de los debates más profundos que atraviesa hoy al sistema educativo argentino.

En las aulas ya no solamente se enseña matemática, lengua o ciencias sociales. Los docentes conviven diariamente con estudiantes atravesados por conflictos familiares, consumo problemático, situaciones de violencia, cuadros depresivos, ansiedad y dificultades de socialización. En muchos casos, la escuela se convirtió en el primer lugar donde esas problemáticas aparecen de manera visible.

La pandemia profundizó un proceso que ya venía creciendo. El aislamiento, la hiperconectividad y el avance de las redes sociales modificaron la forma en que niños y adolescentes se relacionan entre sí, construyen vínculos y procesan emociones. Hoy son frecuentes los episodios de angustia, los problemas de autoestima y las dificultades para sostener rutinas escolares. También aumentaron los casos de ausentismo prolongado, apatía y desconexión emocional con la escuela.

Por eso no sorprende que el Ministerio de Educación de Santa Fe haya empezado a incorporar herramientas específicas vinculadas a salud mental y educación digital. Las intervenciones focalizadas frente a situaciones críticas y el programa de Educación Digital Integral apuntan justamente a un fenómeno que ya dejó de ser excepcional para transformarse en una preocupación estructural.

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La advertencia del ministro sobre el impacto de los dispositivos digitales y las redes sociales tampoco es casual. La sobreexposición, el consumo permanente de contenidos y la presión que generan ciertas dinámicas virtuales afectan especialmente a adolescentes. El problema no es únicamente tecnológico: detrás de muchas situaciones aparecen dificultades para construir vínculos saludables, tolerar frustraciones o sostener procesos de aprendizaje prolongados.

En ese contexto, la escuela muchas veces termina absorbiendo demandas que antes estaban distribuidas entre otros actores sociales. Equipos directivos y docentes deben intervenir frente a conflictos emocionales complejos sin contar siempre con recursos suficientes ni formación específica para hacerlo. El resultado es una sensación creciente de saturación dentro de las instituciones educativas.

La crisis económica profundiza todavía más ese escenario. Cuando una familia atraviesa problemas de ingresos, desempleo o precariedad laboral, las consecuencias también llegan al aula. Hay estudiantes que trabajan, otros que faltan reiteradamente para cuidar hermanos menores, y muchos que simplemente pierden el vínculo cotidiano con la escuela porque las urgencias familiares pasan a ocupar el centro de la vida diaria.

Allí aparece el sentido político del nuevo sistema de becas que impulsa la Provincia. La decisión de otorgar ayudas mensuales de 100 mil pesos y focalizar la asistencia en sectores vulnerables busca evitar que esas trayectorias educativas terminen rompiéndose definitivamente. El Gobierno santafesino parte de una idea concreta: detrás del ausentismo y del abandono escolar no hay únicamente problemas pedagógicos, sino también situaciones sociales y emocionales cada vez más complejas.

Sin embargo, la propia definición de Goity expone una tensión difícil de resolver. El ministro sostiene que la escuela no puede hacerse cargo de todos los problemas de la sociedad. Pero al mismo tiempo reconoce que hoy resulta imposible separar la enseñanza de las condiciones emocionales y sociales en las que aprenden los estudiantes.

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La frase “de nada sirve que un chico vaya a la escuela y no aprenda” resume justamente ese desafío. Porque aprender no depende solamente de estar sentado dentro de un aula. También requiere estabilidad emocional, acompañamiento familiar, hábitos de estudio y condiciones mínimas de bienestar psicológico. Y muchas de esas variables hoy aparecen profundamente deterioradas.

El fenómeno impacta especialmente en el nivel secundario, donde el sistema educativo registra mayores índices de abandono, sobreedad y desgranamiento. Allí la combinación entre crisis económica, problemas emocionales y pérdida de interés escolar se vuelve particularmente visible. Muchos adolescentes siguen formalmente dentro del sistema, pero con trayectorias frágiles y escasa conexión real con los aprendizajes.

Por eso la discusión sobre salud mental infantil y adolescente ya no puede pensarse como un tema exclusivamente sanitario. También es un problema educativo y social. La escuela se convirtió en uno de los espacios donde primero se detectan esos síntomas, aunque no siempre tenga herramientas suficientes para responder.

En paralelo, la situación también interpela a las familias y al conjunto del Estado. La respuesta no puede recaer únicamente sobre docentes y directivos. Los problemas de salud mental requieren políticas integrales, articulación entre áreas de educación, salud y desarrollo social, y dispositivos territoriales capaces de intervenir antes de que las situaciones se agraven.

La presentación del nuevo sistema de becas terminó funcionando así como una radiografía más amplia del momento que atraviesa la educación santafesina. Detrás de los anuncios económicos apareció una preocupación creciente por el estado emocional de niños y adolescentes y por el desgaste de una escuela que intenta sostener, contener y enseñar en medio de una realidad cada vez más compleja.

La salud mental ya dejó de ser un tema periférico dentro del sistema educativo. Entró definitivamente a las aulas. Y todo indica que será uno de los grandes desafíos que deberán enfrentar las escuelas en los próximos años.

Autor

  • Germán Dellamónica

    Periodista. Director periodístico de LT9. Conductor de Amanecer no es poco, de lunes a viernes de 06:00 a 09:00.

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