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El enemigo invisible de la espalda: cuando la osteoporosis fractura la columna

A menudo pensamos en las fracturas óseas como el resultado de caídas graves, accidentes de tránsito o deportes de alto impacto. Sin embargo, existe un tipo de fractura silenciosa que ocurre dentro del hogar, realizando movimientos tan cotidianos como agacharse, levantar una bolsa de las compras o sufrir un estornudo un poco más fuerte de lo normal: la fractura vertebral por osteoporosis.
Como neurocirujanos, vemos a diario cómo este “colapso” de las vértebras altera drásticamente la calidad de vida de las personas, transformando a pacientes activos en personas dependientes de la noche a la mañana debido a un dolor aplastante.

¿A quiénes afecta y por qué ocurre?
Se estima que una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirán una fractura osteoporótica a lo largo de su vida. De todas ellas, las vertebrales son las más frecuentes, aunque muchas veces pasan desapercibidas o no se diagnostican a tiempo.
Esta condición cobra especial relevancia con el paso de los años. En mujeres, es muy frecuente a partir de los 50 a 60 años debido a la menopausia, que provoca una caída drástica en los niveles de estrógenos, la hormona que actúa como “escudo protector” del hueso. Por otro lado,en hombres, suele manifestarse de forma más tardía, generalmente a partir de los 65 o 70 años, vinculada al envejecimiento celular, el déficit de testosterona y una menor absorción de calcio.

¿A qué se debe este debilitamiento?
El hueso es un tejido vivo en constante remodelación: hay células que destruyen hueso viejo (osteoclastos) y otras que forman hueso nuevo (osteoblastos). Con la edad, los cambios hormonales y el sedentarismo, se destruye más hueso del que se logra reponer. La masa ósea pierde densidad y su estructura interna se vuelve porosa y frágil. La columna vertebral, que soporta la mayor parte del peso corporal, termina cediendo y aplastándose bajo la carga física habitual.

Señales de alarma que no debes ignorar
Es habitual que el dolor de una fractura vertebral se confunda con una “lumbalgia común” o achaques propios de la edad. Conviene consultar a un especialista en columna si notas:
Dolor de espalda súbito e intenso: Especialmente si aparece de forma repentina tras un esfuerzo mínimo o un traumatismo leve.
Dolor que empeora al estar de pie o caminar, pero se alivia al acostarse.
Pérdida progresiva de estatura: Reducir varios centímetros de altura en poco tiempo.
Aparición de postura encorvada (cifosis): La famosa “joroba” en la parte alta o media de la espalda.

El diagnóstico de las fracturas vertebrales osteoporóticas se fundamenta en la sospecha clínica ante un dolor axial agudo tras un traumatismo de baja energía o de inicio insidioso, y se confirma mediante radiografía simple para evaluar el patrón y la severidad del colapso. La resonancia magnética, es imprescindible para determinar si la fractura es aguda/subaguda y para diferenciar el origen benigno de etiologías tumorales o infecciosas. El estudio se completa con una tomografía computarizada en caso de requerir una valoración precisa de la pared posterior o del canal raquídeo, una densitometría ósea y un laboratorio metabólico para descartar causas secundarias de fragilidad ósea.

¿Cómo tratamos las fracturas vertebrales los neurocirujanos?
Existe el mito de que ante una fractura de columna la única opción es el reposo prolongado en cama. Hoy sabemos que el reposo excesivo en adultos mayores acelera la pérdida de masa muscular y ósea, aumentando las complicaciones. Desde la neurocirugía y la cirugía de columna, el tratamiento se estratifica según la severidad de la fractura, el nivel de dolor y si existe o no compromiso del sistema nervioso:
1. Manejo conservador
Si la vértebra no ha perdido mucha altura y el dolor es tolerable, se opta por un manejo no quirúrgico con inmovilización temporal mediante el uso de corsés u ortesis vertebrales diseñadas a medida para descargar el peso del cuerpo sobre la vértebra lesionada. Se asocia con analgesia específica y rehabilitación.
2. Procedimientos percutáneos mínimamente invasivos
Cuando el dolor es agudo e incapacitante y no responde a la medicación, el pilar de la neurocirugía moderna son los procedimientos percutáneos a través de vertebroplastia y Cifoplastia. Se realizan incisiones milimétricas en la espalda, guiadas en tiempo real por imágenes de rayos X, en la cual introducimos una aguja fina hasta el cuerpo vertebral fracturado. Finalmente se inyecta un cemento médico especial (polimetilmetacrilato) que se fragua en minutos.
3. Cirugía de reconstrucción y descompresión
En un porcentaje menor de pacientes, el colapso vertebral es severo o los fragmentos de hueso se desplazan hacia el canal medular, comprimiendo la médula espinal o las raíces nerviosas (causando debilidad, adormecimiento en las piernas o pérdida de control de esfínteres). En estos casos, se realiza una descompresión del canal neural para liberar los nervios atrapados y una fijación o instrumentación vertebral (utilizando tornillos pediculares y barras, a menudo cementados para fijarse con firmeza en el hueso osteoporótico) para devolverle la alineación y estabilidad a la columna.

La prevención empieza hoy
La mejor fractura es la que nunca llega a producirse. La salud del hueso se cuida a lo largo de toda la vida a través de:
Alimentación rica en calcio y vitamina D (con exposición solar responsable).
Ejercicio de fuerza y de impacto moderado para estimular al hueso a compactarse.
Densitometría ósea periódica según indicación médica, clave para diagnosticar la osteoporosis antes de que ocurra la primera fractura.

Si sufres un dolor de espalda persistente o repentino, no lo dejes pasar ni lo asumas como “normal por la edad”. Una evaluación neuroquirúrgica oportuna permite diagnosticar la lesión a tiempo, aliviar el dolor de forma rápida y evitar que la columna siga perdiendo su estructura

osteoporosis

A menudo pensamos en las fracturas óseas como el resultado de caídas graves, accidentes de tránsito o deportes de alto impacto. Sin embargo, existe un tipo de fractura silenciosa que ocurre dentro del hogar, realizando movimientos tan cotidianos como agacharse, levantar una bolsa de las compras o sufrir un estornudo un poco más fuerte de lo normal: la fractura vertebral por osteoporosis.

Como neurocirujanos, vemos a diario cómo este “colapso” de las vértebras altera drásticamente la calidad de vida de las personas, transformando a pacientes activos en personas dependientes de la noche a la mañana debido a un dolor aplastante.

¿A quiénes afecta y por qué ocurre?

Se estima que una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirán una fractura osteoporótica a lo largo de su vida. De todas ellas, las vertebrales son las más frecuentes, aunque muchas veces pasan desapercibidas o no se diagnostican a tiempo.

Esta condición cobra especial relevancia con el paso de los años. En mujeres, es muy frecuente a partir de los 50 a 60 años debido a la menopausia, que provoca una caída drástica en los niveles de estrógenos, la hormona que actúa como “escudo protector” del hueso. Por otro lado,en hombres, suele manifestarse de forma más tardía, generalmente a partir de los 65 o 70 años, vinculada al envejecimiento celular, el déficit de testosterona y una menor absorción de calcio.

¿A qué se debe este debilitamiento?

El hueso es un tejido vivo en constante remodelación: hay células que destruyen hueso viejo (osteoclastos) y otras que forman hueso nuevo (osteoblastos). Con la edad, los cambios hormonales y el sedentarismo, se destruye más hueso del que se logra reponer. La masa ósea pierde densidad y su estructura interna se vuelve porosa y frágil. La columna vertebral, que soporta la mayor parte del peso corporal, termina cediendo y aplastándose bajo la carga física habitual.

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Señales de alarma que no debes ignorar

Es habitual que el dolor de una fractura vertebral se confunda con una “lumbalgia común” o achaques propios de la edad. Conviene consultar a un especialista en columna si notas:

  • Dolor de espalda súbito e intenso: Especialmente si aparece de forma repentina tras un esfuerzo mínimo o un traumatismo leve.
  • Dolor que empeora al estar de pie o caminar, pero se alivia al acostarse.
  • Pérdida progresiva de estatura: Reducir varios centímetros de altura en poco tiempo.
  • Aparición de postura encorvada (cifosis): La famosa “joroba” en la parte alta o media de la espalda.

El diagnóstico de las fracturas vertebrales osteoporóticas se fundamenta en la sospecha clínica ante un dolor axial agudo tras un traumatismo de baja energía o de inicio insidioso, y se confirma mediante radiografía simple para evaluar el patrón y la severidad del colapso. La resonancia magnética, es imprescindible para determinar si la fractura es aguda/subaguda y para diferenciar el origen benigno de etiologías tumorales o infecciosas. El estudio se completa con una tomografía computarizada en caso de requerir una valoración precisa de la pared posterior o del canal raquídeo, una densitometría ósea y un laboratorio metabólico para descartar causas secundarias de fragilidad ósea.

¿Cómo tratamos las fracturas vertebrales los neurocirujanos?

Existe el mito de que ante una fractura de columna la única opción es el reposo prolongado en cama. Hoy sabemos que el reposo excesivo en adultos mayores acelera la pérdida de masa muscular y ósea, aumentando las complicaciones. Desde la neurocirugía y la cirugía de columna, el tratamiento se estratifica según la severidad de la fractura, el nivel de dolor y si existe o no compromiso del sistema nervioso:

1. Manejo conservador

Si la vértebra no ha perdido mucha altura y el dolor es tolerable, se opta por un manejo no quirúrgico con inmovilización temporal mediante el uso de corsés u ortesis vertebrales diseñadas a medida para descargar el peso del cuerpo sobre la vértebra lesionada. Se asocia con analgesia específica y rehabilitación.

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2. Procedimientos percutáneos mínimamente invasivos

Cuando el dolor es agudo e incapacitante y no responde a la medicación, el pilar de la neurocirugía moderna son los procedimientos percutáneos a través de vertebroplastia y Cifoplastia. Se realizan incisiones milimétricas en la espalda, guiadas en tiempo real por imágenes de rayos X, en la cual introducimos una aguja fina hasta el cuerpo vertebral fracturado. Finalmente se inyecta un cemento médico especial (polimetilmetacrilato) que se fragua en minutos.

3. Cirugía de reconstrucción y descompresión

En un porcentaje menor de pacientes, el colapso vertebral es severo o los fragmentos de hueso se desplazan hacia el canal medular, comprimiendo la médula espinal o las raíces nerviosas (causando debilidad, adormecimiento en las piernas o pérdida de control de esfínteres). En estos casos, se realiza una descompresión del canal neural para liberar los nervios atrapados y una fijación o instrumentación vertebral (utilizando tornillos pediculares y barras, a menudo cementados para fijarse con firmeza en el hueso osteoporótico) para devolverle la alineación y estabilidad a la columna.

La prevención empieza hoy

La mejor fractura es la que nunca llega a producirse. La salud del hueso se cuida a lo largo de toda la vida a través de:

  • Alimentación rica en calcio y vitamina D (con exposición solar responsable).
  • Ejercicio de fuerza y de impacto moderado para estimular al hueso a compactarse.
  • Densitometría ósea periódica según indicación médica, clave para diagnosticar la osteoporosis antes de que ocurra la primera fractura.

Si sufres un dolor de espalda persistente o repentino, no lo dejes pasar ni lo asumas como “normal por la edad”. Una evaluación neuroquirúrgica oportuna permite diagnosticar la lesión a tiempo, aliviar el dolor de forma rápida y evitar que la columna siga perdiendo su estructura

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